La reputación maldita de la Absenta sigue frenando su venta, aunque casi todo lo que se comenta sobre ella sea falso.

La historia es conocida: el ‘hada verde’ enloqueció a algunos de los artistas más brillantes de finales del siglo XIX; sin ella, Van Gogh nunca se hubiese cortado la oreja. La culpa la tenían su alta graduación (unos 65 grados) y la tujona, una sustancia que se encuentra en el ajenjo, el ingrediente principal del ansiado destilado verdoso. Causaba, decían, su toxicidad. Pero análisis recientes de absentas producidas en Francia antes de su prohibición, en 1915, muestran niveles de tujona muy por debajo de las dosis recomendadas, desmintiendo su peligrosidad.

Los arrebatos de locura de los bohemios se debían más bien a un ‘polialcoholismo’ endémico en aquellos años. No era la absenta sino el coñac mal destilado, los vinos retocados y las cantidades. Entonces, ¿por qué esta reputación? Si bien la asociación con poetas malditos no ayudó, la absenta fue sobre todo víctima de las circunstancias y de su éxito. Inventada a finales del siglo XVIII entre Suiza y Francia, se había popularizado gracias a los soldados franceses (la tomaban en las colonias como ayuda digestiva). Los médicos se alarmaron: oponían los destilados ‘artificiales’ a los muy naturales y sanos vinos y cervezas. Después de la traumática derrota francesa en la guerra de 1870 contra los cerveceros prusianos, muchos derechistas, culparon a la bebida ‘militar’. Los de izquierdas, por su parte, denunciaban el alcoholismo de las clases populares y, de rebote, el destilado de moda. Esta pinza ideológica fue rematada por los viticultores. En plena crisis de la filoxera, la popularidad de la absenta la convertía en obstáculo a la recuperación del sector. El poderoso lobby puso en marcha su maquinaria política, aliándose con los higienistas para crear una propaganda muy eficaz. Los productores de absenta resistieron hasta una nueva guerra contra los ‘cerveceros’. Después de unos meses nefastos para el ejercicio francés, los diputados votaron por fin la muerte del ‘hada verde’. Muchos otros países siguieron ciegamente.

A pesar de la labor de un puñado de historiadores y entusiastas, no es hasta la presente década cuando en Francia o EE UU volvieron a legalizarla. Antes, los aficionados tenían que comprar absentas malas en España o República Checa, donde nunca se había prohibido por poco popular. Se consumía en chupitos o flambeada. Hoy, por suerte, tenemos más opciones. Entre las mejores están las absentas estadounidenses, destiladas según recetas autenticas, como Vieux Pontarlier o Jade. Las francesas, como La Fée, y, desde hace poco, la fórmula tradicional de la marca histórica Pernod, son quizás más asequibles. Ya sea servido sobre hielo picado al estilo de Nueva Orleans, en cócteles míticos como el Sazerac o con su típica y hermosa fuente, las opciones no faltan para redescubrir un destilado de tradición, lejos de los clichés que desgraciadamente acarrea.