Aunque no lo parece, la granola es un desayuno increíblemente fácil de hacer en casa. Si no encuentras una en el supermercado que cumpla los requisitos de sabor, precio e ingredientes nada como hacerla en casa para evitar la fatiga de buscar y buscar. Lo único que necesitas es un cuenco, una cuchara, una cacerola y un horno.

La base de todas las recetas de granola es más o menos la misma: una variedad de grano, nueces, azúcar morena, aceite, y sal. La avena es uno de los granos más comunes para usar, y con respeto a las nueces, puedes escoger la variedad que más te guste. ¿Unas pecanas o almendras por ejemplo? Si no quieres utilizar azúcar también puedes utilizar edulcorantes el sirope de agave, de arce o incluso miel para bañar el grano y las nueces. El aceite es esencial, para prevenir que se estropeen los ingredientes secos, así que es fundamental que lo uses. Finalmente, la sal es el último factor que no puede faltar ya potencia los sabores fuertes del resto de la mezcla.

Hay ingredientes adicionales que se puede añadir a la granola, incluyendo productos naturales como semillas variadas, coco, frutos secos y especias como canela, nuez moscada, incluso el cardamomo para aportar un toque extra de sabor y textura. Pero hay que recordarse de evitar mezclar demasiadas sabores diferentes y lo que es más importante, añadir los frutos secos DESPUÉS de sacar la granola del horno.

¿Cómo hacerlo? Combina los ingredientes secos antes de añadir los líquidos, mézclalo todo y luego unta la mezcla en una cacerola. Debe quedarse en el horno alrededor de 30 minutos a 150 grados C, con un descanso entre medias para agitar la mezcla. Cuando la granola alcance un color marrón y huela a maravilla, déjalo enfriar antes de guardarlo en un recipiente vacío. A partir de este momento puedes añadir ingredientes extra como frutos secos o un toque de chocolate

Ya envasado, la granola mantiene su sabor durante mucho tiempo, sirviendo como un desayuno o una fabulosa merienda.