Poseía las cualidades típicas de las velocistas: explosividad, agilidad, y una enorme potencia en sus brazos y piernas; además a nivel artístico era muy innovadora en coreografías y temáticas. Todo ello ha hecho de Gemma Mengual (Barcelona, 1977) la mejor nadadora de sincronizada española de todos los tiempos y una de las ‘reinas’ de la piscina más completas a nivel internacional.

Conocida como ‘La sirena de Barcelona’, es una de las deportistas más laureadas en la historia del deporte español. Debutó en el equipo nacional de la mano de Anna Tarrés en 1992, y se retiró en 2012, aunque regresó momentáneamente en 2016 para participar en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. En estos 20 años de carrera ha ganado 40 medallas.

Tienes un palmarés impresionante. De esas 40 medallas, ¿cuál ha sido la más difícil de ganar?

Todas han sido muy complicadas, porque el esfuerzo es considerable, aunque es verdad que las primeras son las que costaron más, y por ello las recuerdo con más cariño. Luego, una vez que las ganas se trata de mantener ese nivel de exigencia, pero cuando ya has subido al podio, ves que es posible, y eso te da una energía extra. De todas, destacaría las dos medallas de plata que logré en los Juegos de Pekín 2008.

Te retiraste en 2012, pero regresaste en 2016 para participar en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. ¿Te veremos compitiendo en los próximos JJOO de Tokio 2020?

Podría llegar, porque soy así de jabata, pero creo que ya no me toca. Lo que tenía que hacer ya lo he hecho. Además, tenemos una cantera que está ahí con hambre de triunfos, y yo no voy a estar siempre compitiendo, que al final me van a coger manía…

Actualmente formas parte del staff técnico del equipo nacional de natación sincronizada. ¿Cuál es tu cometido?

En el equipo nacional hay una seleccionadora que es la máxima responsable, Esther Jaumá, una directora técnica, y el resto estamos allí como entrenadoras, pero todas somos importantes y colaboramos con el equipo para que las cosas funcionen. Estoy en el día a día en la piscina e intento trasmitir mi experiencia, ayudando en los entrenamientos y asesorando en algo de artística, en el técnico, o en lo que haga falta. Somos un equipo, nos ayudamos, y cada una se hace cargo de alguna de las modalidades. La natación sincronizada siempre ha dado grandes éxitos al deporte español, aunque en los últimos años ha ido perdiendo prestigio internacionalmente en las competiciones por equipos.

¿Hay alguna chica en la cantera a la que veas con madera de campeona?

Sí, hay muchas chicas en la cantera que pueden llegar muy alto. Es lo bueno del boom de la ‘sincro’, que siempre decimos que es nuestro legado, porque éramos cuatro, y desde que empezamos a hacer cosas, comenzaron a salir chicas por todos los lados. La ventaja es que ahora hay mucho más para escoger, y salen muchos talentos, pero hay que saber detectarlos. Por ejemplo, a una de mis sobrinas, María Bofill, con 12 años, la veo con muchas posibilidades, pero también hay otras chicas, como Iris Buzón, o Irene Jimeno, que son muy buenas. Actualmente, tenemos una cantera en España con cualidades y que está destacando.

¿Crees que actualmente hay un buen nivel para de nuevo volver a estar entre los grandes?

Tras el fin de un ciclo, toca tener esperanza en las medallas. Ahora hay una federación nueva, una etapa nueva, chicas con energías frescas y con mucha proyección…, y eso es muy bueno. La verdad es que este año han hecho una mejora impresionante, y solo acaban de empezar. Así que tal y cómo se están haciendo las cosas ahora, y con el equipo que tenemos, creo que se puede volver a estar ahí arriba.

Una deportista de élite como era tu caso, ¿cómo llevaba el régimen alimentario cuando estaba con el equipo nacional?

La dieta me la he saltado millones de veces, porque nunca he tenido problema de peso. Entrenaba entre 8 y 10 horas cada día, y si me apetecía comerme unos Donetes, me los comía, y bien ancha que me quedaba. Aunque sí que es verdad que intentábamos mantener una alimentación coherente a lo que hacíamos. No teníamos restricciones, salvo en algún caso, ya que no todo el mundo tiene el mismo metabolismo. Aunque tenía mucho autocontrol, si había algo que me apetecía, me lo comía sin ningún tipo de remordimiento. Ten en cuenta que nos medían el porcentaje de grasa corporal y si me veían bien, me dejaban comer lo que quería, mientras rindiera, que era lo importante.

Eres copropietaria del restaurante japonés Sugoi, en Sant Cugat del Vallès, Barcelona. ¿Cómo pasas de la piscina al ‘sushi’?

Porque siempre me ha gustado el sushi, desde la primera vez que lo probé en el año 1998, y siempre decía que cuando dejara de nadar, me gustaría abrir mi propio restaurante de sushi, así que me empecé a mover. Casualmente conocí a Saulo Meireles, que es mi socio y el artista de la carta, y como hubo muy buen feeling entre nosotros desde el primer momento, decidimos montar el Sugoi, ya que a los dos nos hacía mucha ilusión afrontar juntos este proyecto. Empezamos a buscar local, y al cabo de un año y medio ya lo teníamos en marcha. Hace ya seis años que hemos abierto, y la verdad es que estamos muy contentos de cómo esta funcionando el negocio.

¿Cuál es plato que mejor te sale? ¿Ese con el que dejas impresionados a tus invitados?
Se me da bastante bien cocinar pescados al horno, con su guarnición, y la verdad es que soy bastante creativa en la cocina, y con cualquier cosa que tenga en la nevera intento hacer algo original. Me encanta comer sano, y como me gusta mucho ir a restaurantes, suelo fijarme en los platos y siempre aprendo algo nuevo.

©Xavier Torres-Bacchetta