Su nombre significa perseverancia, fortaleza, una manera de ver la vida marcada por la paciencia y la capacidad de superación. Su chef, Luis Arévalo, ha utilizado este término para nombrar a su último proyecto, el más personal. El mercado y la temporada son quienes marcan la elección del producto para deleitar al comensal con este encuentro entre los productos y aliños de su país de origen, Perú, pero con la técnica tradicional japonesa.

Lo más conocido de este local son los nigiris, tartares y usuzukuris que se introducen en su menú Omakase, en el que el chef elige con cuidado cada día los productos y pescados que va a ofrecer. Este menú incluye siete entrantes, seis niguiris, un plato caliente y un postre. Para acompañar, una carta líquida basada en la representación de vinos de pequeños productores, perfectamente elegidos para combinar con su propuesta sólida, así como una cuidada selección de sakes. Un lugar donde la calidad y el equilibrio están asegurados.