Un pedacito de ‘La Casa Azul’ en el barrio de Coyoacán de Ciudad de México se ha mudado en el corazón de Madrid. El color azul rey ha cubierto las paredes de la Fundación Casa de México para acoger Frida Kahlo: alas para volar. La muestra, expuesta hasta el al 30 de noviembre, reúne 31 obras originales y 91 fotografías, obra de Manuel Álvarez Bravo, que se distribuyen en cuatro salas y relatan momentos y vivencias de la artista mexicana Frida Kahlo (Coyoacán, Ciudad de México, México, 1907 – 1954).

Las obras forman parte de dos colecciones privadas y la colección del Museo Dolores Olmedo, y entre ellas se encuentran también algunas páginas del diario personal. Con esta exhibición, la Fundación Casa de México en España marca un hito al mostrar la segunda exposición individual de un artista patrimonial mexicano, siendo la primera, Diego Rivera: artista universal en el año 2019.

Casi 40 años hemos tenido que esperar para volver a recibir a la artista mexicana en nuestro país, bueno, a su excelso legado. Entre sus temas se plasma “el dolor, la muerte, la reivindicación de la mujer, la violencia de género, las relaciones de pareja, la maternidad, el cuerpo humano, la naturaleza, la herencia prehispánica y lo mexicano” apuntan desde la Fundación. A través de esta muestra el espectador viaja de la mano de la vida y obra de Kahlo, asistiendo a su evolución pictórica y vital. No tendría la misma suerte en ambas; la vida de Frida fue una sucesión de tragedias que la artista llevaba al lienzo convirtiéndose en puro simbolismo. Como hizo en Columna rota (1944), donde representaba el fatídico accidente que sufrió por un atropello de autobús dejándole secuelas de por vida.

Pero ella pintaba y pintaba, se las ingeniaba para hacerlo también desde la cama, a pesar de sus 30 cirugías. Pintó al amor y al desamor, a ese Diego Rivera que rompió su corazón en cientos de pedazos para después tratar de recomponerlo una y mil veces. De aquí nació Diego y yo.

Fundación Casa de México en España.

Comía poco y pintaba mucho

También pintó autorretratos y bodegones de naturalezas muertas como Naturaleza Muerta (1951) que contrasta con el vibrante azul de la sala. Cuadros a los que daría vida desde ‘La Casa Azul’ en su último aliento.

De manera desordenada y con ese Surrealismo Naive que la caracteriza, perfila y colorea frutas que se sirven a la mesa mexicana. Alegorías a la fertilidad a la tierra fértil donde crecen. Se reconocen melones, guayabas, sapodillas, aguacates, sandías y otros frutos tropicales que comparten espacio con algunas de las mascotas que revolotean por la casa, como los periquitos o los monos. Son sólo unos ejemplos de lo salpicada que estaba la obra de la artista por la comida, a la que no prestaba demasiada atención en el plato, por cierto.

“Pinto flores para que no mueran pero me gustan las frutas porque guardan lo más sabroso en su interior”, decía Frida Kahlo y qué bien lo hacía.

Fundación Casa de México en España.

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