No recordamos quién dijo una vez que el mundo asiático estaba lleno de sorpresas, pero lo que sí tenemos claro es que razón no le faltaba. Esta vez ha sido Japón y, concretamente, la zona de paso comercial entre Korea y Japón, el lugar que ha conseguido dejarnos con la boca abierta: allí se cosechan fresas blancas y se venden a precio de oro.

Karatsu es el ciudad japonesa de la que hablamos, importante hoy, al menos para nosotros, por su dedicación al cultivo de esta variedad de fresa tan característica; mientras otras zonas del país se dedican más a la plantación de productos casi exclusivamente asiáticos, Karatsu, conocida por ser históricamente un puerto comercial entre Korea y el país que nos ocupa, dedica su tiempo y jornada laboral a estas fresas  blancas, tal y como cuenta Yasuhito Teshima, el principal responsable de estas plantaciones.  

Unas plantaciones que requieren de atención constante, cuidado diario y un buen proceso de crecimiento, ya que su color blanco es el elemento predominante de estas fresas a mimar. Precisamente por tratarse de una variedad tan desconocida y sorprendente, su precio es altamente elevado si lo comparamos con las fresas  rojas: una sola fresa blanca empaquetada puede salir por ocho euros, así que lo mejor es no echar cuentas del precio de la caja.

Como todavía su comercialización no se ha expandido por el resto de continentes de forma masiva, Japón puede ser un buen destino de vacaciones para disfrutar de su cultura y de esta fruta tan curiosa.

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