Enrique Villén vuelve a ponerse el traje de guardia civil en ‘Haciendo Cerveza’, la primera serie producida por la cervecera Ambar.

Ha interpretado papeles de oficinista de un banco, de extraterrestre, de dueño de un bar… pero seguro que del que nunca nos olvidamos es de cuando ejerce de guardia civil. Tampoco es que lo haya representado tantas veces, aunque lo parezca, lo que pasa es que en los últimos años es lo que le ha tocado y, según él, “lo que queda siempre es el último cuadro”. Y la verdad es que ha hecho tan suya esta caracterización que era irremediable que su próximo proyecto requiriese que se pusiera la gorra. La de guardia, claro. Y así ha sido. Esta vez de la mano de Ambar y su primera serie, Haciendo Cerveza. Una producción española en formato vídeo que consta de ocho capítulos en su primera temporada y que refleja el oficio cervecero.“Creo que la iniciativa de Ambar de colaborar con el medio audiovisual ha sido muy positiva. A través de una historia, la marca es capaz de mostrar su verdadero significado. El cine viste, lo que pasa es que todavía no nos hemos enterado”, detalla Enrique. Aunque se sorprendió cuando le llamaron para el proyecto, dice que quienes alucinaron aún más fueron los guardias civiles con los que actualmente mantiene una buena relación gracias a su papel en Olmos y Robles. De hecho, fueron ellos mismos los que le regalaron una moneda del GAR (Grupo de Acción Rápida) que ahora lleva a todas partes como un amuleto. “Si estás en un restaurante sin la moneda y te encuentras con un GAR, pagas la comida”, explica, así que deducimos que ha venido con ella al restaurante Francisca, por si se terciaba y había que tirar de tarjeta. Bueno, eso y porque se siente como en casa.“La dueña es un cielo de persona, una gran cocinera que con los elementos clásicos hace cocina, digamos, innovadora. Te recibe como si fueras uno más de la familia y el precio es de risa. Tiene todos los elementos”, admite mientras reconoce que le gusta comer bien y que la cocina demasiado moderna no le atrae mucho. Ahora, que si hay que comerla, la come. Pero donde estén una buenas lentejas, que se quite todo lo demás… y si son de Francisca, muchísimo mejor (ambar.com).
©Jacobo Medrano