Su elegancia innata y su infalibilidad (casi sin fisuras) le convirtieron en el rey de la hierba y en uno de los mejores tenistas de todos los tiempos. El suizo Roger Federer se acaba de retirar a los 41 años tras conquistar 20 Grand Slams, y en su reciente partido de despedida fue inmortalizado en una imagen para la Historia. En la fotografía que ilustra este artículo (y que ha dado la vuelta al mundo) podemos verle emocionado junto a su eterno rival y amigo Rafael Nadal, agarrados de la mano por todo lo que fue y ya no será.

La potencia y la emoción de esa imagen es brutal, y nos hace admirar incluso más a estos dos grandísimos deportistas a los que tantas veces vimos enfrentarse, rendidos ante la conciencia del paso del tiempo y mostrándose un respeto y un cariño descomunales.

Un campeón hambriento

Foto del año aparte, nos preguntamos: ¿cómo llega un hombre como Federer a convertirse en leyenda? Desde luego, la alimentación juega un papel importantey sus gustos os van a sorprender. Empezando por su desayuno favorito: ¡gofres caseros con mermelada acompañados de zumo y café con leche!

El deportista de élite ha confesado en varias ocasiones que es bastante goloso, y que le encanta empezar así sus mañanas. Sus rivales (y amigos), conocedores de su predilección por el dulce, incluso le han regalado algún que otro capricho… como hizo Andy Murray con las galletas de su abuela para darle la bienvenida a Escocia.

La pasta también es de los platos preferidos de Federer, y la suele (o solía) comer con una salsa ligera dos horas antes de cada partido… y por supuesto en sus días libres:

Entre sus grandes pasiones gastronómicas también se encuentran el helado de chocolate, el queso (como buen suizo, es fan de la raclette)… ¡y la pizza! De hecho, en su despedida le vimos compartir este suculento plato italiano con tenistas como Novak Djokovic (¿sería sin gluten?).

Eso sí, en sus partidos era fiel a las barritas energéticas y los plátanos (como su amigo Nadal) para recuperar potasio.

El trago de la victoria

Fuera de la pista también le hemos pillado disfrutando de comidas más exóticas, como la japonesa o la india:

Y, a pesar de su férrea disciplina, Federer nunca dudó en levantar la copa de la victoria después de un gran triunfo… ¡para darle un buen trago!

Esta es mi dieta. Me gustan mis caprichos. No me siento mal por eso porque puedo hacerlo y jugar al tenis al mismo tiempo”, afirmaba el suizo. Y su reinado largo e incontestable -con permiso de Nadal, por supuesto-, le dio la razón: el hedonismo no tiene por qué estar reñido con el deporte de élite.

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