Una buena copa es sinónimo de una buena cantidad de hielos. Ni muchos ni pocos.
Salvo en contadas excepciones, el hielo es un ingrediente fundamental de los
cócteles, combinados y refrescos. Por ello, cada vez que viajamos por Europa, nos
preguntamos ¿por qué no venden hielo en algunos supermercados? o ¿por qué tan
pocos hielos en mi vaso?

A la hora de servir una bebida, es fundamental seguir la receta. Esta –aunque
parezca raro- siempre empieza con un vaso y hielo. Y si estas no lo requieren,
seguro, segurísimo, que se sirven frías. Es decir, el frío es un elemento que, aunque
parezca secundario en las bebidas, es imprescindible. Tanto es así que existen
empresas que comercializan hielo premium. Un producto basado en que el cubito
no se rompa, no se pegue, no se deshaga ni modifique el sabor y, por supuesto, que
enfríe.

Es más, es tan imprescindible que existen testimonios del Antiguo
Egipto en los que señalan la existencia de unos depósitos preparados para
almacenarlo, sobre el 2000 a.C. En ellos guardaban bloques de hielo para así
satisfacer la necesidad de los faraones, beber en frío.

En España –hoy en día- se consumen cerca de 500 cubitos de hielo al año por
persona, lo que nos sitúa a la cabeza de Europa. Esto se debe al clima, sobre todo
en el periodo estival, en el que la producción se incrementa por su relación con el
aumento de la temperatura. Pero sólo aquí, que no nos gusta quedarnos cortos. Por ello, producimos casi 125 millones de cubitos al día… por eso de beber a gusto, fresquito, quitando el gas a las bebidas, entre otros motivos.

Por el contrario, en muchos países del viejo continente, no lo ven necesario…
porque señalan que para algo hay neveras, ¿no?

No lo entienden.