Tapas Best Chiringuito

El Puntal Tricio, Tapas Best Chiringuito 26’: una mesa frente al Cantábrico

«En el paraíso todo sabe mejor».

En una de las playas más espectaculares del Cantábrico se encuentra este histórico chiringuito en el que el mar es el protagonista absoluto y la gastronomía se cocina al ritmo de las mareas. Al frente se encuentra Ricardo Tricio, heredero de una historia familiar que comenzó mucho antes de que existiera el restaurante.

Corría 1945 cuando las familias Ricardo y Tricio empezaron a transportar a los santanderinos hasta El Puntal en pequeñas embarcaciones. Aquellas travesías tenían algo de aventura: los pasajeros desembarcaban sobre una improvisada tabla que, con frecuencia, terminaba regalando un inesperado chapuzón en las frías aguas del Cantábrico.

La popularidad de aquella playa no dejó de crecer. Cuando las administraciones rechazaron la construcción de un embarcadero, las dos familias decidieron seguir adelante. En 1970, con permiso de la Junta del Puerto, talaron árboles del bosque cercano y construyeron artesanalmente la primera pasarela del Puntal. Más que una obra de ingeniería popular, fue un gesto de determinación que acabaría formando parte de la memoria colectiva de Santander.

Ese espíritu sigue presente en El Puntal Tricio. Cada servicio es, de alguna manera, la continuación de aquella historia de esfuerzo, hospitalidad y amor por un lugar único. El lema de la casa, «En el paraíso todo sabe mejor», no responde únicamente a una estrategia de comunicación, sino a una manera de entender la experiencia gastronómica conectada al entorno.

La cocina gira alrededor del producto. Los pescados salvajes del Cantábrico ocupan un lugar privilegiado, acompañados por mariscos que llegan con toda su expresión marina y una cuidada selección de carnes de Cantabria que reivindican la riqueza ganadera de la región. Es una propuesta que combina tradición y sensibilidad contemporánea, sin perder de vista el sabor como objetivo principal.

Entre los imprescindibles aparecen las alcachofas con foie, el delicado carpaccio de gambas, los percebes cuando la temporada lo permite o unas sorprendentes albóndigas de bonito que condensan la esencia marinera de la casa. También hay espacio para un picoteo pensado para compartir mientras la vista se pierde entre la arena, las dunas y el incesante ir y venir de las embarcaciones que cruzan la bahía.