Las primeras lluvias del otoño muy pronto empezarán a ser constantes. Y a pesar de que somos muchos los españoles que renegamos del tiempo oscuro y frío que está por llegar, también están los que, por el contrario, llevan esperando buena parte del año la temporada que se avecina: hablamos de la recogida de la seta. Crecen cuando llueve. En los campos, en los bosques… y hasta en los jardines. Y la nómina de aficionados no deja de aumentar: son muchos los que al menor indicio de sol preparan su cesta y se disponen a pasear por las campiñas en busca de un buen botín que después disfrutan sobre la mesa. Pero, ¿cuáles son las mejores zonas para recoger setas? Apunta, te lo contamos.

Navaleno – Castilla y León

Boletus, níscalos, setas de cardo, pies azules, perrechicos, nansarones, parasoles, amanitas cesáreas… Los bosques de pino negro de la comarca soriana de Pinares esconden más de 150 especies de hongos distintos. Y por eso esta zona es una de las más conocidas en lo que se refiere a la recogida y búsqueda de setas en la Península Ibérica. Aviso a navegantes: es necesario adquirir un permiso para recolectarlas.

Parque Natural del Montseny – Cataluña

Ubicado en las inmediaciones de Barcelona, el Parque Natural del Montseny aguarda multitud de hayedos, castaños y encinas, algo que se traduce en especies de setas como níscalos, trompetas o negrillas, tres variedades especialmente apreciadas por su valor gastronómico. Su oficina de turismo organiza visitas guiadas por el bosque que enseñan al turista a identificar cuál es cada una de ellas.

Valle de Ambroz – Extremadura

En esta comarca natural tiene lugar cada año el Otoño Mágico, un festival que abarca actuaciones musicales, teatro, jornadas gastronómicas y diversas charlas. Y entre estas últimas se encuentra la de micología, donde se habla sobre las especies comestibles que se pueden encontrar en Ambroz, como los níscalos, los boletus aereus y la amanita cesárea.

Valle de Unzué – Navarra

Para descubrir cada uno de los secretos que nos brinda la tierra en este zona lo suyo es animarse con el trayecto que comienza en la iglesia de San Millán y continúa por el camino agrícola. ¿Que por qué? Porque esta ruta permite al visitante observar los distintos tipos que se hallan a lo largo del recorrido, como los rebozuelos, el hongo royo o la seta de pino.

Sierra de Guadarrama – Madrid

Aunque hay ciertas zonas de reserva que tienen restringida la recolecta, la mayor parte de sus montes están regulados para la recogida de setas. Aquí el itinerario ideal empieza en las inmediaciones de Cercedilla y discurre por un sendero que se alarga en paralelo al arroyo de Pinolobero, una ruta húmeda que refugia distintos tipos de hongos y setas.

Bosque de Muniellos – Asturias

Es el mayor robledal de nuestro país (declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco) y uno de los mejores conservados de Europa. Y por eso no nos sorprende que la mayor diversidad biológica de la cordillera Cantábrica, con hasta 400 tipos de setas, esté aquí. Sus dos rutas senderistas comienzan en Tablizas: la de Fuenculebrera, algo larga y compleja, y la del río, más sencilla y apta para todos los públicos.

Valle de Hecho – Aragón

Tanto su ubicación como su climatología logran que la recolección de setas sea posible durante casi todo el año. En otoño destacan los rebichuelos y las setas de pino; en primavera, los perrechicos y las setas de prado; y en verano las seps, un tipo de boletus comestible. Ojo, porque es necesario obtener un permiso en el Ayuntamiento para la recolección.

Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas – Andalucía

Níscalos (guíscanos para los locales), cardos cucos, cagarrias, setas de chopo, barbudas, negrillas, setas toconas… Es, sin duda, el paraíso micológico del sur. De hecho, y con el objetivo de que ni locales ni foráneos se pierdan, el Centro de Interpretación El Sequero (Siles) celebra cada otoño unas jornadas que analizan la larga nómina de variedades que ofrecen estos montes.

Parque Natural de Gorbeia – País Vasco

En el parque coronado por la cumbre Gorbeia abundan bosques de robledales, hayas, alisos, fresnos y sauces que guarecen rutas de senderismo y recorridos micoturísticos perfectos. Los hongos son allí los protagonistas, especialmente el edulis, el pinícola y el aereus.

Sierra de O Courel – Galicia

Esta cordillera montañosa es una de las zonas con más especies de setas y hongos de Lugo. Su mayor joya natural es la Devesa de Rogueira, un bosque autóctono donde conviven una gran variedad de especies vegetales, como castaños, acebos, robles, alcornoques, hayas, tejos y encinas. Y en cuanto a lo que nos atañe, lepiotas, níscalos y boletus edulis.

Sierra de San Vicente – Castilla la Mancha

Puede presumir de vistas (está sobre la meseta y el valle del Tiétar) y naturaleza (bosques de castaños, robles, pinares, jara). Y también, claro, de sus níscalos. Su proximidad a Talavera, Toledo y Madrid, y la magia de su otoño, la convierten en el destino preferido de muchos amantes de la micología.

Valle de Liébana – Cantabria

Es una de las zonas con más encanto (y más rurales) de la ciudad. Sus verdes prados, sus altas montañas y su arquitectura típica hacen además que su riqueza arbórea ayude al crecimiento de los hongos para su futura recolección.

Rincón de Ademuz – Comunidad Valenciana

El Rincón de Ademuz es una de las comarcas más singulares de la Comunidad Valenciana: es montañosa, de orografía abrupta y accidentada, y muy rica en vegetación. Destacan la zarzamora, el arce de Montpellier, la sarga, el culantrillo, el berro, el nogal… y, entre sus variedades micológicas, el níscalo, la llenega, la seta de cardo o las senderuelas.

Parque Regional de Sierra Espuña – Murcia

Está en el extremo oriental de la Cordillera Bética, dentro de la Cuenca del Segura. Geomorfológicamente hablando, el parque recoge una gran diversidad de formaciones, desde los relieves kársticos de las zonas altas de la sierra. Se organizan talleres sobre setas para ayudar a ofrecer información para su recolección. 

Parque Natural Sierra de Cebollera – La Rioja

No es difícil dejarse invadir por la magia otoñal de este privilegiado entorno, enclave geológico privilegiado del Sistema Ibérico. Es famoso por sus glaciares, sus bosques naturales de pino silvestre, haya y roble rebollo, sus arroyos y cascadas… y sus setas y hongos.

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