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El legado vivo de quienes hacen del pan su vocación

Europastry lanza We Are Bakers, una serie que homenajea a todos los panaderos que comparten los mismos valores. Un total de 19 capítulos que ponen el foco en profesionales con los pies en la tierra, valientes y comprometidos.

Créditos: Europastry

Puede ser la rebanada de pan crujiente, de miga jugosa, tierna, alveolada y suave que espera cada mañana. El trocito que nos dejamos para el final de la comida. O el bocata perfecto, hecho con los ingredientes preferidos, que sacia el antojo. Y es que siempre hay un pan que espera, como el alimento fundamental, sencillo, sano y delicioso que es. Algo que sabe bien el equipo de Europastry, donde el pan se eleva y se homenajea cada día.

Es su equipo de panaderos el que impulsa una nueva cultura de la panadería con el propósito de hacer la vida de las personas más fácil y feliz; y todo ello tomando a la tradición como inspiración para potenciar la innovación. Ahora, en un ejercicio de visibilización, surge We Are Bakers, una serie que une a panaderos de todo el mundo para transmitir el verdadero significado de su profesión y los valores que les guían.

Todos ellos han impulsado una nueva cultura de la panadería para expresar con claridad el alma de la compañía. También han ido más allá, poniendo el foco en el futuro y transmitiendo esos valores a las nuevas generaciones de Europastry bajo la premisa de que la identidad de su oficio es elaborar productos excelentes, deliciosos y de alta calidad para todos, en cualquier lugar y momento. We Are Bakers es una iniciativa que sitúa en el centro su razón de ser, haciendo que la esencia de Europastry evolucione y se mantenga viva con su crecimiento orgánico.

Así, a través de una serie de vídeos en los que son los panaderos de todo el mundo los absolutos protagonistas, se transmiten los valores de la profesión. Desde Irene Gómez en Sigüenza o Agustí Costa en Cercs, a Koki & Chie en Kyotango (Japón) o Frank van Eerd en Masstricht. Porque este viaje con olor a pan hace escala en Francia, Portugal, Países Bajos, Estados Unidos, México, Colombia, Asia y, por supuesto, España. En cada capítulo, una historia diferente que en muchos casos es de superación, aunque todas ellas unidas por el amor a un oficio: algunos provienen de una familia de varias generaciones dedicadas a la panadería, otros llegaron a ella buscando un cambio de vida; los hay que se han centrado en el perfeccionamiento de una receta y los hay que se divierten inventando nuevos formatos.

La curiosidad les sirve de guía y de motivación para mejorar sus productos, ya sea por el camino de la tradición, como Ángel María Cruz en Bogotá, o de la innovación, al estilo de Jonathan Bethony en Washington, conocido como «el Steve Jobs del pan». Compromiso, esfuerzo, tenacidad, humildad y amor por las cosas sencillas. Koki lo explica muy bien: «Me encanta ver salir el sol mientras tengo las manos en la masa. Es un momento mágico, de paz».

Créditos: Europastry

Todos ellos representan los valores de la panadería y comparten un mismo sueño: cambiar la vida de las personas a través de algo tan esencial, cotidiano y mágico como es hacer pan. Y lo logran con el trabajo concienzudo de cada día, honesto, comprometido, para que no falte en la mesa el pan de cada día. Luis Arellano, propietario de Criollo en Oaxaca, regala esta reflexión que es el mejor final: «La panadería es un refugio, la familia es un refugio».