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Para entender la historia de Pescaderías Coruñesas hay que retroceder en el tiempo más de 100 años, época en la que los arrieros maragatos se encargaban del comercio entre la costa y el interior: gracias a su esfuerzo, los madrileños podían comer pescado fresco ya en el siglo XIX. Su figura desaparecería después, con el ferrocarril, lo que propició que todos ellos se estableciesen como pescaderos.

Este fue el caso del abuelo y del padre de Evaristo García, un joven nacido en Combarros que decidió seguir en la tradición familiar como repartidor de pescado y marisco, no solo para el consumidor final, sino también para restaurantes y hoteles. Su padre, Norberto, compró Pescaderías Coruñesas y le puso al frente del timón en 1956. Y ahí arrancaría su legado.

Después entrarían en escena los Azpíroz, la familia fundadora de Angulas Aguinaga, a los que Evaristo compraba, convirtiendo su pescadería en el principal punto de venta de la capital. Lo profesional trascendió en lo personal, y M.ª Juliana Azpíroz y Evaristo García decidieron ceder el testigo a sus hijos, quienes han hecho crecer un pequeño imperio de distribución de pescado y restauración sustentado por un importante patrimonio inmobiliario: a sus clásicos restaurantes El Pescador, O’Pazo y Filandón, se han unido el denominado Desde 1911 (fecha de fundación de Pescaderías Coruñesas) y el nuevo Lhardy, histórico local madrileño que rescataron este año del concurso de acreedores.

Un gran patrimonio inmobiliario

Y es que su solidez financiera es tal que ni siquiera la pandemia ha podido con ellos: a pesar de que la facturación cayó de 36 a 24 millones, Pescaderías Coruñesas repartió ese mismo año dividendos por importe de 7,6 millones. Y este 2021, con las nuevas incorporaciones, esperan cerrar con 45 millones en ventas. El buen momento que vive la restauración en Madrid los acompaña, claro.

La distribución de pescado es la base inicial y la mitad de un negocio que se sustenta en un gran patrimonio inmobiliario: el valor contable de sus inmuebles asciende a 83,7 millones y en concepto de alquileres declararon unos ingresos, el año pasado, de 1,8 millones. La familia es dueña, entre otros edificios, del teatro Reina Victoria, del Palacio de Trinidad y de un edificio histórico situado en la plaza de Canalejas de Madrid. Completan el grupo una empresa de catering (Albada) y poseen el 50% de la empresa Monte Vallequillas. 

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