En 1904, Thomas Sullivan popularizó la bolsita de té. Un siglo después, la bebida retoma posiciones mirando al pasado.

Si los miembros de Led Zeppelin supieran (igual lo saben ya) que Physical Graffiti, el mítico edificio de Manhattan que inspiró su álbum homónimo, ahora es conocido como Physical GraffiTea… probablemente se quedarían helados. Tanto como el té que bebemos en verano. En realidad, los responsables de este giro grafológico son también los propietarios de una de las teterías de moda en Nueva York. Una de muchas. Entre los éxitos de Physical GraffiTea se encuentra el de vender kombucha, también conocido como hongo manchu- riano, hongo de té u hongo chino, una bebida fermentada en la que muchos han querido ver la súper pócima del futuro. Beneficios para la actividad gástrica, alto contenido en vitaminas C y D, aceleración del metabolismo celular… todo vale (aunque no esté comprobado científicamente) para convertir en bebida cool una infusión de la que se tienen datos escritos en China desde el 206 a.C.

MADURADO EN PEONÍA

Este es solo un ejemplo de los muchos que demuestran el auge del té en el mundo occidental. Hablamos, no lo olvidemos, del líquido más consumido del planeta después del agua, pero que nunca había tenido la histórica implantación de Oriente en Norteamérica ni en Europa (excepto Reino Unido, por supuesto).

Otro caso: Heidi Johannsen Stewart y Mi- chael Shannon trabajaban juntos en la empresa de la todopoderosa Martha Stewart, propietaria del mayor imperio mediático dedicado a la gastronomía y el estilo de vida. Tras muchos viajes, muchos tés compartidos y muchas du- das, Heidi y Michael junto a otro socio, Scott Stewart, pusieron a hervir el agua en Bellocq, una tienda de Brooklyn que ellos definen como atelier y a la que los curiosos entran fascinados, como si cruzasen un lienzo de Rembrandt porque eso es lo que parece. Hierbas procedentes de China, Japón, Sri Lanka, Taiwan, India o Nepal se mezclan con todo tipo de utensilios para el perfecto servicio del té, así como libros, jabones, velas… Aunque el rango de precios es enorme, sorprende ver en su ‘bodega’ joyas como el Limited No 60 madurado en peonía blanca (42 €) procedente de Fuding, en la provincia china de Fujian. Y, llegados a este punto, toca hacer las maletas rumbo a esta región situada frente a la isla de Taiwan, pues en ella se cultivan algunos de los mejores tés del mundo. Es más, las primeras exportaciones a Occidente, alrededor del siglo XVII, salieron de aquí, sobre todo gracias al preciado oolong, conocido como té azul por su característico tono azulado, producto de su oxidación entre el verde y el negro.

EL BOOM DEFINITIVO

De China procede también el té rojo (pu-erh), famoso por sus discutidas propiedades como quemagrasas y, esto sí es verdad, por su bajo contenido en teína. A pesar de su éxito en Occidente, muchos desconocen que para su recolección se utilizan unos árboles viejos cuyas hojas están cubiertas de finos pelos, o que el intenso color rojo oscuro apareció por casualidad, con el proceso natural de añejamiento que provocaba su traslado en caravanas.

Y, si la fiebre del té sube imparable, el matcha promete convertirse en trending topic. El aumento del consumo de este polvo de té de intenso color verde ha servido para que abran espacios como Matcha Source, en Hollywood (matchasource.com), y MatchaBar, en Nueva York. En Japón arrasa el Kit Kat de matcha comercializado por Nestlé y en España, la empresa The Matcha House dispone de canales de distribución (thematchahouse.com). Si no lo has hecho ya… tendrás que probarlo.