¿Turismo de playa o de montaña? ¿Turismo de fiesta o de relax? Cualquiera de las opciones es compatible con el turismo gastronómico. Quizás parezca una tontería –para algunos- pero existe mucha gente que elige su destino de vacaciones teniendo en cuenta un punto tan importante como es la gastronomía del lugar. Y es que si decidimos el lugar donde disfrutar de nuestros días libres según la belleza de sus playas, la riqueza de sus monumentos, la paz de sus montañas o la historia de sus edificios, ¿por qué no íbamos a hacerlo también teniendo en cuenta la calidad de la gastronomía local?

En España la gastronomía es uno de nuestros “platos” fuertes y – junto con otras exquisiteces de nuestro país – es una de las razones por las que los turistas nos visitan. Saben que aquí podrán no sólo disfrutar de buen tiempo y buen ambiente, sino también buena cocina. Sin embargo, dentro del territorio español la gastronomía es muy diferente según el lugar en el que nos encontremos y según la hora del día que sea. Por ello, hoy centramos la atención en algunos de los los típicos desayunos que existen según la región en la que nos encontremos.

En Andalucía por ejemplo uno de los reyes del desayuno es el pan tostado untado aceite o manteca colorá en pan cateto, pitufo o mollete antequerano. Todo depende de la cantidad de miga que uno desee. Permitido está rociarlo de ajo y tomate triturado. Siempre natural y nunca de bote. Cuando hay hambre de la buena nada mejor que tirar por el campero tan típico de Málaga rellenando un mollete con tomate, jamón serrano y queso, todo bien tostado y calentito. Imprescindible. Ahora bien, para pedirse un café con que acompañarlo hay que hacerse un pequeño master porque entre la sombra, la nube, el corto y el entrecorto lo mismo se puede perder la cabeza. No coincibimos ir a Cataluña y no desayunar pa amb tomàquet, bien de tomate y bien de aceite. Y si no te repite, con bien de ajo. Con café con leche incluído y si te vienes arriba ponle una rodaja de jamón. Cojamos un avión y vámonos a Mallorca, dónde la tradición manda probar una ensaimada o volvámonos locos y desayunemos la merienda con una coca de patata que aparte de ser apto para celíacos endulza las mañanas sin reproches. Volviendo a la capital un chocolate con churros –da igual que sea verano- o un pincho de tortilla jugosito a media mañana.

Aunque bueno, esta es la tradición pero luego la rutina se ha encargado de removerlos de nuestro día a día porque entre prisas y agobios son más de uno los que deciden tirar por un simple café con leche, unas sobrias galletas y como mucho una tostada de pan con mantequilla y mermelada.

¿Y tú, qué desayunas?

Samuel García

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