Deberían ser ilegales porque están buenísimos y son irresistibles pero son pequeñas y deliciosas bombas calóricas con las que debemos andarnos con cuidado. Característicos sobre todo de las fechas más señaladas como Semana Santa o Navidad – en las que parece que todos nos reunimos entorno a la mesa, comemos como si lo fuesen a prohibir y toda la comida del universo se acabase al día siguiente – son la parte más deseada de todas las comidas y cenas.

Leche frita, roscos fritos, pestiños, torrijas, profiteroles, buñuelos e incluso plátanos fritos son algunos de los más conocidos y sabrosos. Todos ellos muy parecidos y similares, casi todos tienen como base la harina, huevo y agua y a muchos de ellos se les añade después azúcar glas por encima.

Deberían estar prohibidos porque una vez que pruebas uno es imposible no comer más de una… ¡o tres!

Samuel García

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