Embotellado originalmente en 1931, el whisky más antiguo jamás vendido recibe ahora el tratamiento Daniel Arsham. El artista contemporáneo, que centra su práctica en la exploración lúdica de la materialidad y/o en la erosión de muros u objetos de valor, se ha asociado con The Balvenie para presentar su single malt de 88 años dentro de una pieza de bronce que realza la grandeza y la exclusividad del destilado.
La obra que parece hundirse en sí misma a través de ondas de arena, encapsula visualmente los 88 años de la botella. “La parte trasera está compuesta por 88 capas individuales de roble, una por cada año de maduración, en referencia a la barrica que protegió y transformó el whisky a lo largo de casi un siglo. La parte frontal está formada por ocho capas distintas de cobre con pátina, lo que permite que el propio material refleje la edad, la transformación y el paso del tiempo”, describe el propio autor en su perfil de Instagram.

“El roble y el cobre son fundamentales en la elaboración del whisky. Aquí, se convierten en un registro del tiempo mismo, construido capa a capa alrededor de algo que ha sobrevivido durante 88 años”, continúa Arsham, dándole aún más sentido a su escultura.
La expresión líquida en sí es de admirar, al igual que la escultura sobre la que reposa. Con tan sólo 17 botellas en el mundo, esta reliquia de 1931 -que encabeza una colección más amplia- destila aromas de miel, hoja de menta y dulce de mantequilla, con toques de toffee cremoso y especias cálidas. Sabores y mezclas que le ofrecen profundidad al whisky, recubierto en cristal soplado a mano, grabado en oro de 18 quilates, que impregna de lujo una botella histórica que ha sobrevivido el paso del tiempo.