Gastro

Hay lugares donde se come bien. Y luego está Dani Brasserie

Probamos la nueva propuesta de Dani García en la azotea del Four Seasons y descubrimos por qué su éxito va mucho más allá de la cocina.

Dani García posa en la terraza de Dani Brasserie junto a algunas de las creaciones que protagonizan su propuesta gastronómica del verano.

Hay restaurantes que sirven comida. Y hay restaurantes que consiguen detener el tiempo.

El miércoles pasado tuve la suerte de sentarme a la mesa de Dani Brasserie, en la séptima planta del Four Seasons Madrid. Sobre el papel, el motivo era conocer Las Hamburguesas de Dani, la nueva propuesta temporal con la que Dani García ha decidido reinterpretar uno de los platos más universales del planeta. En la práctica, acabó siendo mucho más que eso. Porque antes incluso de que llegara el primer plato ya había algo que llamaba la atención. Las vistas.

Madrid se extendía bajo nuestros pies con una elegancia difícil de explicar. Mientras observaba las cúpulas, las terrazas y el movimiento de la ciudad desde aquella altura, pensé que las vistas de San Pedro probablemente deben parecerse bastante a esto. Esa sensación de estar contemplando una ciudad inmensa desde un lugar privilegiado, suspendido por encima del ruido cotidiano. Y entonces empezó la experiencia.

Tres hamburguesas que cuentan historias

La excusa gastronómica de la jornada eran las nuevas hamburguesas creadas por Dani García, disponibles hasta el próximo 21 de julio, entre las 13:00 y las 19:00 horas, en Dani Brasserie. Tres propuestas muy distintas entre sí que funcionan casi como un viaje.

Japón aparece en la Izakaya Burger, elaborada con wagyu, shiitake encurtido, gel de yuzu y shiso verde. Europa se asoma en La Burger que se come bien, con brioche de patata, salsa Bull trufada, cebolla confitada, queso comté, duxelle de setas y trufa fresca. Y el Mediterráneo encuentra su espacio en la KatsuTuna Burger, una sorprendente reinterpretación elaborada con atún rojo de almadraba, mayonesa tonkatsu y kimchi tradicional.

Las tres hamburguesas de edición limitada creadas por Dani García convierten la azotea de Dani Brasserie en una de las experiencias gastronómicas del verano madrileño.

Pero la propuesta no termina en el plato. Estas hamburguesas conviven con Spring & Bubbles, la carta de coctelería de la casa diseñada para acompañar el verano madrileño a golpe de highballs ligeros, ingredientes frescos y combinaciones pensadas para disfrutar sin prisas. El resultado convierte la azotea del Four Seasons en uno de esos lugares donde la sobremesa se alarga casi sin darse cuenta y donde uno entiende por qué hay quien considera este rincón uno de los planes imprescindibles de la temporada en Madrid.

Porque reducir la experiencia a una hamburguesa sería injusto. Lo verdaderamente interesante es entender que detrás de cada plato –y también detrás de cada copa– existe una forma de mirar el mundo.

Una conversación que viajó de Japón a Dubái

Sentado justo a mi derecha estaba Dani García. Y la conversación fue exactamente igual que su cocina: inquieta, curiosa y tremendamente abierta.

Hablamos de gastronomía, por supuesto. Pero también de hoteles, de viajes, de ciudades, de Japón, de Marrakech, de Dubái, de proyectos futuros y de esas pequeñas obsesiones que terminan convirtiéndose en grandes ideas.

Hablamos de lo divino y de lo humano.

Y quizás ahí está una de las claves para entender el fenómeno Dani García. Su éxito no parece construido únicamente sobre el talento culinario. Hay algo más. Una curiosidad permanente por descubrir, aprender y conectar mundos distintos. Algo que termina reflejándose en sus restaurantes.

La difícil tarea de hacer que la excelencia parezca sencilla

La cocina de alto nivel tiene una paradoja fascinante. Cuanto mejor es, menos esfuerzo parece requerir. Todo fluye con naturalidad. Los tiempos son perfectos. El servicio es impecable. Los platos llegan cuando deben llegar. Los detalles aparecen sin hacerse notar. Y precisamente por eso es fácil olvidar la enorme complejidad que existe detrás.

Durante la comida resultaba evidente que nada está dejado al azar. Desde el ambiente de la sala hasta la ejecución de cada plato, pasando por una atención al cliente que consigue ser cercana sin perder sofisticación.

No es casualidad. Es el resultado de muchos años de trabajo. Y probablemente también de una obsesión saludable por hacer las cosas bien.

Mucho más que una hamburguesa

Dani García lleva años demostrando algo que no todos los chefs consiguen: crecer sin perder identidad. Mientras muchos cocineros encuentran una fórmula y la repiten, él parece empeñado en seguir explorando nuevos caminos.

Hoy su grupo suma decenas de restaurantes en varios países, más de un millón de clientes al año y una expansión internacional que continúa creciendo. Pero sentado en aquella mesa, la sensación no era la de estar ante una gran corporación gastronómica.

Era la de estar frente a alguien que sigue disfrutando hablando de comida. Y quizás por eso todo funciona.

Cuando entiendes por qué tiene la fama que tiene

Hay ocasiones en las que uno termina una experiencia entendiendo perfectamente la reputación de una persona. Esta fue una de ellas. Porque la excelencia no estaba únicamente en los platos. Estaba en la conversación, en el entorno, en el equipo, en la manera de entender la hospitalidad y en esa capacidad tan difícil de lograr de hacer sentir especial a quien se sienta a la mesa.

Salí de Dani Brasserie con la sensación de haber disfrutado de una auténtica experiencia Michelin en todos los sentidos. Y también con una certeza: la fama de Dani García no es fruto de una campaña de marketing, ni de una moda pasajera, ni de una acumulación de reconocimientos.

La tiene porque se la ha ganado. Plato a plato. Proyecto a proyecto. Y experiencia tras experiencia.