Existen pocas salsas en el mundo, con permiso del Ketchup, tan mundialmente conocidas y adoradas como la Sriracha. Esa salsa de color rojo intenso, picante que lo mismo te alegra un taco o una burger que un Bloody Mary es, como ya os contamos en el número de septiembre de Tapas, objeto de culto.

Pero a lo que vamos, este indiscutible aderezo que creó David Tran se elabora a diario en una fábrica situada en Irwindale, California, cuando el jalapeño consigue alcanzar su punto óptimo de madurez, que ocurre tan solo 4 meses al año, 21 toneladas de estos pimientos rojos se limpian y trituran hasta hacer un puré que se sazonará con vinagre, sal, ajo y azúcar, ingredientes clave y los que le darán su característico olor y sabor, para luego poder utilizarse todo el año en el proceso de fabricación de la famosa salsa.

El embotellamiento de la salsa también se realiza en la fábrica. Desde la creación de los frascos de plástico serigrafiados con el famoso gallo, hasta el cierre de las botellas con su tapita verde.

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