Todo buen amante de Barcelona lo sabe: el Barrio Gótico (Barri Gòtic), situado en el distrito de Ciutat Vella, es una de las zonas más bonitas y atractivas de la urbe. Y, también, uno de los lugares que más secretos encierra: precisamente allí, escondido entre las angostas y pintorescas calles del barrio más antiguo de la Ciudad Condal, se ubica Wittmore, un exclusivo hotel boutique «Adults Only» que entiende el lujo como algo intangible y efímero, vinculado a la serendipia, y que puede presumir de nacer (o de renacer, ya que que volvió a levantar persiana el pasado mes de febrero tras permanecer casi dos años cerrado) con la personalidad de un speakeasy y la filosofía de un salón cultural del siglo XIX.

Miembro de la familia Anima Hotels, muchos lo consideran el más atrevido del grupo. Quizás por su marcado carácter femenino, quizás por la elegancia sutil y mente abierta que derrocha, o quizás por su sugerente e íntima decoración, que propicia la atmósfera perfecta para que suceda la magia. Pero en cualquier caso, sea como fuere, este alojamiento (casi) secreto se ha convertido, y en muy poquito tiempo, en uno de los imprescindibles de la zona.

El precioso patio interior de Wittmore Hotel.

¿Que por qué? Por varios motivos: cuenta únicamente con 22 habitaciones que se asoman al precioso patio interior del hotel, así como a su hermoso jardín vertical -un tapiz vegetal conformado por más de 3.000 plantas, como hiedra, helecho, tradescantia, alocasia, monstera, hoja de sangre…- y su restaurante, Contraban, es un enclave de visita obligada para todo apasionado de la gastronomía que se precie, de ahí que se haya transformado en el verdadero epicentro del edificio.

Contraban, un lugar de encuentro de la creatividad tanto foránea como local

El restaurante Contraban, que funciona bajo la atenta mirada del chef Alain Guiard, ofrece una carta inspirada en las emociones que surgen durante un proceso creativo. De este modo, el cocinero ha conseguido plasmar con sabores y texturas sensaciones como la «impaciencia», representada por una selección de platos rápidos de servir y comer como los fiambres artesanos, panceta de
cerdo chicharrón, pies de cerdo con pistachos y pickles
; o la “libertad”,
con bocados que pueden tomarse a cualquier hora, sirvan como botones de muestra la tarta brioche Michelangelo, elaborada con tomate picante, ricota, hinojo y chorizo ibérico o el sándwich-almohada de rabo de buey, preparado con queso crema de olivada.

El banquete continúa centrándose en esas sensaciones de las que hablábamos líneas arriba: el apartado “en blanco” está protagonizado por combinaciones sencillas de sabores que ayudan a salir del bloqueo, como la berenjena escalivada con miel de pino y piñones o la coliflor al horno al limón y tahini; y la “exitación creativa” por diferentes carpaccios muy visuales (por ejemplo, de remolachas, céleri, nabo negro, rabanitos, trufa negra, flores y hierbas) que permiten ser trabajados casi como lienzos.

Tarta brioche Michelangelo, elaborada con tomate picante, ricota, hinojo y chorizo ibérico.

Por su parte, la “frustración” sugiere fórmulas que para poder ser disfrutadas requieren de la intervención del camarero para romper esa “frustración” representada en obstáculos no comestibles, como la remolacha cocinada en costra de arcilla, servida con queso crema y salsa trufa; la “sorpresa” recetas inesperadas, como el turnedó de atún a la pimienta verde con parmentier de cebolla y acelgas de colores; y la “nostalgia” creaciones que evocan la infancia, como el canelón de “rustido” con trompetas de la muerte, soubise de ceps o los macarrones del cardenal con secreto ibérico y bechamel de parmesano.

Además, la experiencia culinaria (diseñada, ya se ha visto, para divertirse a través del atrevimiento y la conversación) se completa con una carta de bebidas que propone desde cócteles de autor hasta vinos de extraordinaria rareza que solo permanecen en carta durante un tiempo limitado. Todo en un espacio de lo más seductor.

Sobreático Contraban, el punto más de Wittmore Hotel

Pero la cosa no queda ahí, claro, porque la azotea del Wittmore, un espacio que puede presumir de un paisajismo propio de las riberas de los ríos locales alrededor de una piscina, completa la experiencia del hotel. Y de qué manera.

Levantó persiana el pasado mes de junio y desde entonces no ha parado de causar sensación entre naturales y foráneos: hablamos de un colorido remanso de paz con vistas a algunos de los edificios más emblemáticos de la ciudad, la montaña de Montjuïc y el mar. El espacio, históricamente reservado para el huésped del hotel, invita a a disfrutar a todos aquellos que deseen encaramarse sobre un auténtico rooftop del Barrio Gótico, convirtiéndose en testigos privilegiados de una amalgama de tejados y terrazas que ubica al visitante en el corazón de un entramado de calles vivo y genuino.

El Sobreático, nombre que reciben los apartamentos situados en lo más alto de los edificios de Barcelona, se presenta como una atalaya desde la que observar el latido de la ciudad, cuyo ritmo llega a través de los sonidos de fondo que evocan, inspiran y trasladan al visitante el sentir multicultural y universal del barrio. Además, el mobiliario del espacio, en un femenino color coral en conjunción con
tumbonas a rayas blancas y amarillas, se combina con una vegetación propia de las riberas de los ríos catalanes, otorgando al conjunto de una atmósfera fresca y desenfadada.

Abre al público de 16h a 22 horas con una deliciosa selección de platillos elaborados también por el chef Alain Guiard, ideales para tomar en un entorno desenfadado al aire libre. En su nómina figuran la pizza de brioche con ricota y speck, el carpaccio de tomate crudo y confitado con vinagreta de cabernet, los fingers de pollo al limón con salsa de chile dulce, las croquetas de jamón ibérico de bellota, el hummus al comino, cúrcuma y tahini con crudites de verduras ecológicas, el babaganush de berenjena a la menta con pan de pita crujiente, la cecina de león con almendras tostadas, el sándwich almohada de atún
con escabeche, aceitunas verdes y mayonesa o la tarta de chocolate con avellanas tostadas y bayas de goji.

En la copa, cócteles de autor como el Martini Invertido o la Fancy Agua de Valencia, junto a mocktails como el de zumo de arándanos, zumo de lima, óleo de naranja, menta y soda o el de zumo de manzana verde, zumo de lima y ginger Beer. Además, para disfrutar aún más de la hora bruja, los jueves de 19 a 22 horas el espacio cuenta con música Disco, Soulful House, Cool Beats, Funk o Groove de DJs como BeGun, Jess Hologram o Irina Flake. Ah, y aviso a navegantes: aquellos que se alojen en la suite del hotel podrán disfrutar de la azotea de manera totalmente privada durante toda la noche. De locos, vaya.

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