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Comer dopamina: así es la nueva tendencia de consumo online

Cuando todo se reduce a los estímulos de una app.

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La dopamina es la sustancia más preciada de una sociedad en constante búsqueda de la felicidad. Aunque sea tan sólo por unos segundos. Y esa es precisamente la razón por la que se reestructuran constantemente los algoritmos, y surgen micro-tendencias o corrientes mucho mayores que promueven su activación dentro del sistema nervioso. Que acaban hackeando la cultura digital, dando lugar a modalidades de consumo que hace unos años podrían habernos parecido surrealistas, pero que ahora ya percibimos con mayor normalidad, teniendo en cuenta la conexión crónica a la que nos sometemos.

En este contexto nacen las apps de dopamina. Herramientas online con la que los usuarios pueden pedir ropa o comida a través de la pantalla sin llegar a recibirla nunca. Lo único que importa aquí es lo que ocurre antes de obtener la recompensa.

FoodNeverComes

El fenómeno ha calado de lleno en Corea del Sur con una app de delivery que desvirtúa su propio concepto, puesto que no realiza entregas. FoodNeverComes imita toda la interfaz de un servicio de reparto de comida a domicilio, con todo lujo de detalles, categorías, división por tipos de comida…. pero sin dar el servicio final que realmente ‘promete’.

Puede parecer extraño y ridículo, pero más de un millón de personas del país se han sentido atraídas por esa satisfacción instantánea que desaparece en cuestión de minutos o segundos, y que de alguna manera acaba elevándose por no haber tenido que invertir dinero real. Dinero que no se ha gastado.

FoodNeverComes

Tal y como adelantó The Times, la aplicación replica con sorprendente precisión la experiencia de cualquier plataforma de reparto a domicilio. Permite explorar cartas, comparar restaurantes, leer reseñas, añadir platos al carrito e incluso seguir el supuesto recorrido del repartidor en un mapa en tiempo real. La diferencia es que ni hay restaurante, ni repartidor, ni pago. El usuario llega hasta la espera del pedido sin enfrentarse a lo que viene después: gastar dinero o comer. Una especie de simulación gastronómica que algunos ya describen como una peculiar forma de «tortura psicológica».

Aunque la propuesta pueda parecer disparatada, en realidad forma parte de un comportamiento colectivo mucho mayor, como el hecho de llenar un carrito online y abandonarlo, o buscar casas, vuelos o alquileres tan sólo por el hecho de sentir ese placer anticipatorio. De imaginar una experiencia que active una respuesta emocional intensa, que incluso en muchas ocasiones es mayor que la recompensa final.