Esa es la cuestión. Aunque la fiebre por lo sano vaya in crescendo, existen alimentos que nunca pasarán de moda.

Hace tres años que Naciones Unidas declaró 2013 como el Año Internacional de la

Quinoa. Al año siguiente llegó el teff (un cereal cultivado en Etiopía), y el kale (col rizada) triunfó en las páginas de salud y belleza a lo largo del año 2015. Y entonces, ¿ahora qué? ¿Ponemos de moda algún alimento ‘mágico’ con nombre extraño y difícil de pronunciar o nos dejamos de fenómenos y apostamos por lo científicamente demostrado? De momento, la FAO celebra 2016 como el Año Internacional de las Legumbres…

Una reciente tendencia por lo saludable está cambiando nuestra forma de alimentarnos. Y esto es así. Se buscan ingredientes que purifiquen el organismo en menos tiempo del que se tarda en digerirlos, crecen los restaurantes orgánicos y flexiterianos –su dieta se basa en el mix & match, es decir, con un 80% de alimentos de origen vegetal y el 20% restante dedicado a ingredientes de origen animal– y abren comercios que solo venden productos con una densidad sumamente alta en nutrientes. Vamos, ‘superalimentos’, como muchos los denominan actualmente. Pero, ¿qué significa realmente esta palabra? “Los medios de comunicación y algunas empresas agroalimentarias han introducido este término en nuestras vidas para resaltar productos con una composición nutricional muy beneficiosa para nuestra salud –explica María Garriga García, Nutricionista y PhD–, sin embargo, el problema viene cuando a estos ‘superalimentos’ se les atribuyen propiedades ‘milagrosas’ que no están basadas en estudios con evidencia científica rigurosa. Además de rechazar otros alimentos igual de saludables que no han recibido esta denominación”. Nuestro organismo necesita macronutrientes (carbohidratos, proteínas y grasas) y micronutrientes (vitaminas y minerales) en unas cantidades determinadas cada día dependiendo de la edad, el sexo y el estado de salud o enfermedad de cada individuo. Y reducir aquellos alimentos más perjudiciales para nuestra salud. ¿Lo mejor? Escuchar a nuestro cuerpo, emociones y digestiones. Así acabaremos siendo nuestro propio nutricionista. Una teoría centrada en la bio individualidad y en la que cree firmemente Alejandra Fraile, Health Coach del Institute of Integrative Nutrition de Nueva York y autora del blog yomemimo (yomemimo.com): “La medicina del vecino puede ser nuestro veneno, así que hay que frenar antes de tirarnos al vacío y aprender a escucharnos. Las modas hay que dejarlas atrás. Cada día sale una nueva. ¡Es una locura! No me extraña que haya tanta gente que no logre su objetivo al dejarse llevar por las tendencias”, comenta. Por este motivo, es importante incluir en nuestra dieta diaria productos de la tierra en lugar de envasados; así como frutas y verduras frescas de temporada. Conservarán mejor las propiedades del alimento (sabor, olor, color y textura), aportarán los nutrientes mas adecuados para cada temporada y serán más económicos. Así que para evitar futuros quebraderos de cabeza en tus visitas al supermercado y/o herbolario, elaboramos la lista de los diez alimentos –ni súper ni mega ni con ningún prefijo que se le parezca– que no deberían faltar nunca en tu cesta (pasa a la página siguiente).

Comer con cabeza

KIWI. El rey de la vitamina C. Todos sabemos que el hombre es un animal de costumbres. Sin embargo, es el que mejor se adapta a los cambios. ¿El que te proponemos a partir de este mes? Sustituir el clásico zumo de naranja por el de kiwi. ¿Por qué? Esta fruta de origen chino contiene el doble de vitamina C que una naranja. Está considerado como el fruto de la salud gracias a este nutriente, pero también como un aliado para evitar la hipertensión, quemar calorías y mejorar el sistema inmunológico. Consumir dos al día ayudará a mejorar tu salud y luminosidad de la piel y mantendrá el colesterol a raya. Tú decides.

Comer con cabeza

SALMÓN. Regula los cambios de humor. Cien gramos. Ni uno más ni uno menos. No lo decimos nosotros, es la cantidad indicada por la American Heart Association para disfrutar de este pescado azul un par de veces a la semana. Contiene vitaminas del grupo B y D, selenio y proteínas que aportan brillo al cabello, a las uñas y a la piel. Reduce el colesterol, previene enfermedades cardiovasculares (ya que aumenta la fluidez de la sangre) y algunos tipos de cáncer. Pero también es un gran alimento para prevenir el trastorno bipolar y enfermedades como la esquizofrenia gracias a los ácidos grasos esenciales de omega 3 que tanto le caracterizan.

Comer con cabeza

AGUACATE. El gran adorado de la redes sociales. Coronado este 2015 como el alimento estrella de Instagram, resultado de sus 2 millones de fotografías compartidas, parece que el aguacate va más allá del ‘postureo’ gracias a su valor nutritivo: rico en vitamina B, K y E, fibra, grasas monoinsaturadas y omega 3, para proteger y evitar el deterioro prematuro del celebro. Contiene catorce minerales que estimulan el crecimiento y regulan las funciones corporales. Pero si hay que destacar algo es su alto contenido en hierro y cobre, que contribuyen a la regeneración de los glóbulos rojos, disminuir los niveles de colesterol en sangre y prevenir la anemia.

Comer con cabeza

ROMERO. Mejora la memoria y la concentración. Que levante la mano quien no haya vuelto de alguna excursión con un buen manojo de romero. Pues amigo, si pensabas que esta planta solo tenía uso dentro del armario, estabas equivocado. Desde la antigüedad se ha utilizado como medicina para uso interno y externo. Pero también para mejorar la concentración. Y es que un estudio desarrollado por la Universidad de Northumbria (Reino Unido) ha comprobado que la elevada concentración en sangre de uno de los componentes de la la planta (el 1,8-cineol) estimula el funcionamiento cognoscitivo, la velocidad y la exactitud.

Comer con cabeza

ALGA ESPIRULINA. Suplemento contra la malnutrición. Ha sido reconocida por la UNESCO como el alimento del milenio. Y la NASA la incluye en la alimentación de los astronautas durante sus misiones. Denominada también como ‘oro azul’, esta alga se comercializa en forma de polvo y cápsulas. Y, aunque su sabor no es especialmente agradable, las posibilidades van desde batidos hasta helados. Combate la anemia y el colesterol. “Es un suplemento altamente alcalino, lo que le convierte en una barrera para muchas enfermedades. Además, ayuda a promover la salud del corazón, por lo que es fantástica para deportistas”, aclara Fraile.

Comer con cabeza

JENGIBRE. Adiós a las digestiones pesadas. “Del jengibre destacaría las propiedades antiinflamatorias”, afirma Alejandra Fraile. Puede ingerirse a modo de infusión o rallado en ensaladas. Calma la ansiedad, beneficia la digestión, disminuye las náuseas (consumir durante los primeros meses de embarazo), mareos y flatulencias, y mejora la asimilación y absorción de nutrientes. De acuerdo a varias investigaciones de la Universidad de Maastricht (Holanda), la raíz de jengibre ayuda a quemar grasas y a acelerar el metabolismo, por lo que es un ingrediente muy recomendado para aquellas personas que quieran bajar esos kilitos de más.

Comer con cabeza

PISTACHO. El aliado perfecto contra los nervios. Según un estudio publicado por la Universidad Estatal de Pensilvania, consumir pistachos (una ración de 50 g aprox.) reduce la presión arterial, así como el riesgo a padecer enfermedades cardiovasculares. Junto a las nueces y los piñones es de los que más fibra y energía contienen. Y el segundo fruto seco con mayor valor proteico. Sin embargo, es el más rico en vitamina A y E, eficaz para casos de infertilidad masculina, prevención del Parkinson e incluso para tratar quemaduras de sol y cicatrices tras una cirugía. Un potente regenerador y protector para la piel que también ayuda a reducir el estrés.

 

Comer con cabeza

DIENTE DE LEÓN. Depura y elimina toxinas. Sus flores se utilizan para preparar ensaladas, pero también para elaborar vino e infusiones. En más de una ocasión habrás querido acabar con esta planta que se reproduce en prados y jardines como las chinches. Sin embargo, la próxima vez que quieras arrancarlas, piénsatelo dos veces porque podría ser la solución a muchos de tus problemas. Es una bomba de vitaminas y minerales que ayuda a combatir la fiebre, la diabetes y, entre otros, a reducir inflamaciones. Pero no solo a nivel físico e interno, sino como un remedio natural para tratar los problemas de depresión.

Comer con cabeza

AJO NEGRO. Irresistible para los chefs. “El ajo negro se obtiene a partir de la fermentación del ajo blanco. Durante el proceso, la alicina (el compuesto orgánico que da el olor característico del ajo) se convierte en S-alil-cisteína (SAC), un compuesto soluble que posee propiedades antioxidantes que duplican los niveles encontrados en los compuestos sulfurosos del ajo común”, nos explica Fraile. En España se cultiva en Castilla-La Mancha y, pese a su apariencia, su sabor es dulce con matices salados y su textura, blanda. Una gran fuente de antioxidantes que mejora el insomnio, la circulación sanguinea y el sistema respiratorio.

Comer con cabeza

TOMATE. Mejor cocinado que crudo. Es uno de los alimentos por excelencia de cualquier lista de la compra. Y todo gracias a la dieta mediterránea. Contiene altos niveles de beta-carotenos y antioxidantes que refuerzan el sistema inmunológico. Pero lo más importante es su contenido en licopeno. Un carotenoide que le aporta el color rojizo y que previene el cáncer de mama y el de próstata, así como los problemas cardíacos. “El licopeno se asimila mejor cuando el tomate está cocinado en lugar de crudo y acompañado de un poco de grasa, como el aceite de oliva”, explica Garriga.