Quizás una de las razones por las que la humanidad parece no preocuparse del calentamiento global es que, para la gran mayoría de las personas, el cambio climático todavía no afecta a su vida cotidiana. El vino, sin embargo, es extremadamente susceptible a estos cambios. Y es que, la idea de «terroir» en el vino es el clima: esta parcela de tierra puede producir este tipo de uvas debido a sus factores ambientales únicos, que incluyen elementos como la temperatura y la calidad del aire. Entonces, ¿podrían los viñedos, al recrear el clima del cambio climático, servir para ayudar a explicar sus efectos adversos?

El doctor Hans Reiner Schultz de la Universidad Hochschule Geisenheim, está involucrado en un experimento donde pequeñas áreas del viñedo de la universidad en Rheingau, que contienen uvas Riesling y Cabernet Sauvignon, han sido rodeadas por ventiladores que extraen dióxido de carbono al aire para imitar las condiciones que se espera que enfrenten estas uvas en el año 2050. «Si quieres mirar al futuro, necesitas imitar el futuro», dice Schultz. “No puedes hacerlo en un invernadero. Queremos aprender a adaptarnos con anticipación a las condiciones que nos esperan en 30 años».

El experimento solo ha estado funcionando durante algunos años, pero las diferencias ya son aparentes: uvas más grandes y jugosas que absorben más aguas subterráneas. En el lado positivo, el aumento de dióxido de carbono aún no ha afectado sustancialmente el sabor de estos vinos, pero también se observa que el experimento está en curso. Independientemente, Schultz señala que él cree que algunos de los cambios ya están aquí. «Los viticultores tienen que ser mucho más flexibles hoy», dijo a Quartz, «debido a las fluctuaciones entre añadas, pero también dentro de una cosecha, ya que son mucho más acentuadas de lo que solíamos tener. Si no eres flexible, has perdido», finaliza.