Casi siempre que queremos quitarnos unos cuantos kilos de encima procedemos de la misma manera: una dieta restrictiva y un hambre voraz; así que puede que estemos pasando por alto la mayor de las obviedades para perder y no ganar peso, que no es otra verdad que la de comer ligero y a las horas precisas.

La respuesta se atisba bastante lógica: cenar pronto y ligero ayuda a no coger peso porque el organismo tiene más tiempo para hacer la digestión sin tener que compatibilizar esta tarea con la de ayudarnos a dormir. Si mantenemos nuestros horarios de sueño intactos, por ejemplo, once de la noche, pero modificamos la hora de la cena y la adelantamos a las ocho, tendremos más tiempo para que nuestro cuerpo trabaje en esa cena, pero no si la tomamos media hora antes de irnos a la cama.

Y en este gesto tan tonto radica que bajemos más o menos de peso y engordemos a mayor o menor velocidad. Así de contundente se ha mostrado el estudio realizado por las universidades de Harvard y Tufts, las cuales han publicado sus conclusiones en el International Journal of Obesity , las cuales podemos resumir en una simple idea: cuanto antes cenemos, más reducimos el riesgo de engordar y más aumentamos la posibilidad de adelgazar.

Una práctica que se denomina “ayuno nocturno”, que no es otros cosa que cenar pronto para dejar que el cuerpo esté unas diez-doce horas sin ingerir ningún tipo de comida. Un hábito para nada peligroso ya que, según señala este estudio, el cuerpo está preparado para no consumir alimentos durante largas horas debido al reloj biológico que tenemos.