Este año las distancias han marcado nuestras vidas y las circunstancias nos han obligado a unas vacaciones de corto alcance, pero no cabe duda de que estamos más cerca que nunca. De nosotros mismos y de nuestros destinos: queremos viajar más. Pero no hace falta irse muy lejos para descubrir que, ahí al lado, tenemos un territorio vasto en el que descubrir la magia de lo extraordinario. El viajero podrá comprobarlo en Castilla-La Mancha, una región que ofrece un rico y variado patrimonio histórico y artístico que convierte estas tierras en un destino desconocido, cercano y único en el que brindarnos experiencias inolvidables.

Legado histórico

La Comunidad de Castilla-La Mancha es un destino que resume bien el cruce de caminos. Un viaje al interior en el que el viajero curioso puede sentir el legado la historia y la herencia de pueblos prehistóricos, romanos, visigodos o musulmanes y que brilló con el esplendor del cristianismo y del imperio, y que han calado en sus pueblos y ciudades convirténdolos en destinos de una envidiable riqueza.

Una parte de esa riqueza se desvela de forma universal en ciudades como Toledo y Cuenca, dos destinos que no deben faltar en todo viajero que se precie. De la capital regional poco se puede añadir a lo que ya se ha dicho y escrito, porque se trata de una de las ciudades más bellas del mundo, con un portentoso casco histórico que encierra más de 2.000 años de historia y una riqueza artística incomparable. Por su parte, Cuenca, asomada a las hoces del Júcar y el Huécar y colgada desde la pared que la sustenta, invita desde su percha a transitarla con calma, degustarla y llevársela prendida.

Vista de Toledo.

Ambas son Patrimonio de la Humanidad, como lo son también el Parque Minero de Almadén y las pinturas rupestres del Arco Mediterráneo. El primero ofrece un excitante viaje a los secretos mejor guardados de las minas más antiguas del mundo, que comenzaron a ser explotadas por los romanos.

Por su parte, las pinturas rupestres del Arco Mediterráneo se suceden por espectaculares cuevas y abrigos en las serranías de las provincias de Cuenca, Albacete y Guadalajara. Las más recientes en unirse a este selecto grupo Patrimonio de la Humanidad han sido las cerámicas de Talavera de la Reina y Puente del Arzobispo y las tamboradas de Tobarra, Hellín y Agramón que configuran un ambiente sonoro, festivo, fascinante y cargado de emoción.

En estos destinos para viajar en el tiempo las aventuras se yerguen sobre fortalezas y transcurren en sobrecogedores parajes repletos de historias fabulosas, como las que nos transmiten las seculares piedras de los parques arqueológicos de la región: Segóbriga, una de las ciudades mejor conservadas de lo que fue la Hispania romana; Carranque, con una fabulosa colección de mosaicos romanos; Alarcos-Calatrava, entre cuyos muros todavía resuenen los ecos de la Reconquista; y Recópolis, un tesoro de la cultura visigoda.

 

Castillo de Calatrava la Nueva

Tras los pasos de Cervantes

Junto a estos destinos imprescindibles, el viajero con paciencia puede descubrir otro buen puñado de pueblos y ciudades con encanto que salpican toda la geografía castellano-manchega. En él puede descubrir desde los castillos de la niñez a las planicies que querría cabalgar como un Quijote moderno. Pero también hay ríos, humedales, acantilados, cañones y caminos a ninguna parte en un paisaje espectacular silencioso y sugerente.

Los molinos de viento de Campo de Criptana, Ciudad Real

Mención aparte merece el viaje por la Ruta del Quijote. Las aventuras narradas por Miguel de Cervantes son conocidas en todo el mundo y con ellas La Mancha ha alcanzado fama universal. Blancos molinos, llanuras de horizontes infinitos, antiguas ventas, pueblos encalados y viñedos sin fin ofrecen al viajero un variado y rico abanico de posibilidades para hacer del camino una experiencia inolvidable.

La riqueza patrimonial y natural de esta ruta se descubre a cada paso en las planicies y cielos azules recortados por los molinos de Consuegra, Mota del Cuervo o Campo de Criptana; en los blancos muros de El Toboso, tierra de Dulcinea; en la Cueva de Montesinos de Ossa de Montiel; en las bellas Lagunas de Ruidera; en las ventas, como la de Puerto Lápice; en los Campos de Calatrava y Montiel; en las tierras próximas a Sierra Morena… Lo mejor para conocer a fondo estos rincones es guardar en el equipaje un ejemplar de la mejor guía para disfrutar de Castilla-La Mancha.

Y tras la ruta, sea cual sea el destino elegido, al viajero le espera la sorprendente gastronomía castellanomanchega, sus excelentes vinos, y una oferta hostelera cercana, variada, y de calidad.

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