Nombres: La reina de la plata, La París de América

País: Argentina

Idioma: Español

Habitantes: 13.588.171

Prefijo telefónico: +54 11

Conocido por: Capital del tango, pasión futbolera, asados argentinos.

Capital Iberoamericana de la Cultura Gastronómica en 2017, Buenos Aires es hoy un efervescente ecosistema gourmet. De los típicos asados a la brasa al despertar de la despensa andina, pasando por la influencia de las cocinas inmigrantes, la ciudad es un microcosmos en evolución que termina cada noche con un cóctel en una mano y un choripán en la otra.

Buenos Aires no es país para veganos

San Telmo es el barrio más pequeño de la ciudad. Sus casonas coloniales y tiendas de antigüedades coexisten con treintañeros culturetas y los restos de las ”Familias Patricias” (burguesía adinerada). Para empaparse del alma porteña nada como un desayuno ‘old school’ en Nonna Bianca a base de medialunas (croissants) de jamón y queso acompañadas de una infusión de hierba mate, la bebida de la clase trabajadora argentina.Yparalosmás‘fashionistas’nada como Fre&co, un garito de diseño con desayunos de Fernando Trocca, cocinero de Sucre, y zumos naturales del gran coctelero Tato Giovanonni.

Buenos Aires no es país para veganos

Los domingos, San Telmo se llena de puestos repletos de cachivaches para el Mercado de Las pulgas. Cerca, muy cerca, está La Bombonera, el mítico estadio de Boca Juniors, y justo enfrente podemos reponer fuerzas con una inmersión antropológica en Don Carlos, cinco décadas de cocina ‘working class’ italo-porteña en una sucesión sin fin de platillos. En la periferia no hay que perderse La Feria de Mataderos: gauchos acaballo,artesanía decalidad,cacharrería ‘vintage’ y treinta puestos de cocina con tamales, locro, humitas y las empanadas de Doña María. Y, para los más bizarros, armadillo a la brasa

Buenos Aires no es país para veganos

Si el asado es religión en Argentina, Pablo Ribero ejerce de sumo sacerdote en parrilla Don Julio, asador con aire de viejo galpón, manteles de cuero y enciclopédica carta de vinos. Morcilla, choripán, chinchulines, mollejas y una entraña para ponerle un piso (básico pedir la carne al punto ‘Checa’). A cinco cuadras encontramos los asados ‘freestyle’ de La Carnicería, con su provoleta ahumada con peras y shisho y sus brutales cortes argentinos ‘tuneados’ (con hueso y más gordos). Ambos comparten la querencia por reses alimentadas en libertad, maduraciones propias y madera de quebracho en las brasas.

Buenos Aires no es país para veganos

Elegida por ‘The Guardian’ como la segunda librería más bonita del mundo (la primera se encuentra en Holanda), ateneo es, literalmente, un teatro lleno de libros. Inaugurada como sala de espectáculos en 1919, conserva la decoración original de un teatro de la época: frescos es el techo, salones de lectura en los palcos y un anfiteatro con más de 100.000 títulos que pueden ojearse sin compromiso de compra mientras
se toma un café en el bar situado en el antiguo escenario. Sin salir de Palermo, queda tiempo para acercarse al muy recomendable MaLBa, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.

Buenos Aires no es país para veganos

Para abrir el apetito recomendamos atizarse un chute de yodo a base de ostras patagónicas en Crizia y\\/o cruzar la calle para tomarse un vino argentino en pain et Vin rodeado de botellas y panes de masa madre de elaboración propia. Pero nuestro restaurante favorito aquí es El Baqueano. Su aproximación a la despensa autóctona en clave de vanguardia y sus guiños
a Perú o México abren un camino nuevo para la cocina argentina. El menú, de marcado carácter estacional, incluye deliciosas rarezas como el steak tartar de llama, el cordero patagónico o los tomates ‘Reliquia’. Imprescindible carta de vinos.

Buenos Aires no es país para veganos

Con permiso de Nueva York, Buenos Aires es la capital mundial de la coctelería. A cinco minutos andando desde El Baqueano debemos tomar la primera mezcla en Doppelganger, un bar con filosofía propia que huye de las modas y practica una coctelería clásica y purista que prohíbe la cerveza, el vino y los refrescos. Después, un taxi nos llevará rápidamente a Florería atlántico, una (auténtica) tienda de flores que tras una cámara frigorífica esconde las escaleras que nos llevarán a una barra de aire malasañero que ha convertido al ya mencionado Tato Giovanonni en el auténtico capo de la coctelería bonaerense.