Estás en la playa, en el chiringuito o acabas de salir por la puerta de tu oficina y has quedado con unos amigos para tomar algo. Lo único que tienes en mente es pedirte una de tus bebidas favoritas en vuestro punto de encuentro y, por supuesto, quieres que esté helada para ayudarte con el sofoco veraniego. Sin embargo, muchas de tus elecciones más típicas no te ayudan a referescarte tanto como crees. Echa un vistazo a las siguientes bebidas y, si puedes (bueno, o quieres), mejor evítalas:

Los helados: la razón es su altísimo contenido en azúcares añadidos que hace que nuestras células liberen mayor cantidad de agua a nuestro organismo y eso, por supuesto, produce una mayor deshidratación. Por otro lado, su carácter mantecoso, al ser una emulsión de leche, los hace un tanto indigestos.

El café: Consumir café en grandes cantidades no es malo pero tampoco refrescante. Su efecto  diurético cuando se consume en altas dosis puede provocar deshidratación en ciertas personas cuando pero de lo que más allá de las dosis aconsejables -alrededor de tres tazas- dispara en exceso el cortisol, responsable de la inflamación arterial. 

Bebidas alcohólicas: Aunque, a priori, nos puede parecer buena idea calmar la sed, ni cervezas, ni vino, ni gin tonic son un refresco recomendable las bebidas alcohólicas son altamente deshidratantes y consiguen el efecto contrario al que buscamos, además de aportar el etanol.

Refrescos azucarados: Si el azúcar deshidrata y todos sabemos que los refrescos son prácticamente azúcar, en este punto ya deberías tener claro todos los estragos que este tipo de bebidas pueden crear sobre nuestra salud y, en este caso, sobre el calor y la hidratación. 

Los granizados: el motivo es exactamente el mismo que en los helados, exceden en azúcares añadidos más allá de lo recomendable y no dan ninguna sensación de saciedad. De todos modos, sí son más hidratantes que los helados..