Timothy Walter Burton, el padre de Vincent, Beetlejuice, Eduardo Manostijeras y otros tantos seres del ambiente gótico-festivo, despierta pasiones (y también algún odio, no nos vamos a engañar) entre los cinéfilos de todo el mundo. Y entre estos apasionados seguidores se encuentra un grupo de ‘barmans’ visionarios que decidieron abrir, en honor a su director favorito, el Beetle-Bar, un local inspirado en el universo del señor Burton.

Telarañas, cráneos y mucha oscuridad en el centro de Nueva York, junto a varios teatros y muy cerca de la New York University. No falta la música de Elfman y los camareros disfrazados de algunos personajes que salieron de la mente de Tim Burton. Porque cuando uno se pone a hacer algo, mejor hacerlo bien. Y eso es lo que se propusieron estos fanáticos del director: montar un bar que reuniese todo el espíritu del cine de Burton, pero con estilo y sin cabos sueltos.

Si pides algo de comer, te lo traerán acompañado con rosas negras. Y si eres de los que salen cenados de casa para ir directos a los cócteles, comprobarás que todos llevan nombres del tipo “poción”, “elixir” o “veneno”. No se les escapa una.

Sangre en la vajilla, guiños a las películas en la cubertería y carteles colgando de las paredes para que a nadie se le olvide la trayectoria del gran Tim Burton, todo pensado -hasta el más mínimo detalle- con la intención de hacerte sentir como si estuvieras paseando por la mente del director.

Los fanáticos de este genio tienen una cita ineludible con uno de los locales más sorprendentes que pueden encontrarse en la capital del mundo. Así que, en caso de encontrarte entre los numerosos seguidores del director y tener planeada una escapada por la ciudad de los rascacielos, ya tienes un punto obligatorio que marcar en el mapa.

El resto nos conformaremos con ver sus películas y seguir trabajando. Eso sí, “a veces aún bailamos bajo la nieve”.