Vale, no puedes cazarlo ni entrenarlo pero puedes comértelo, que es mucho más placentero. Al menos para nosotros.

Se conoce comúnmente como hala pero su nombre oficial es Pandanus tectorius. Puede que no hayas leído ni escuchado nada sobre ella, o puedes que seas un experto pero en caso de que el nombre te suene a chino vamos a explicarte de dónde surge este ejemplar.

Para empezar tenemos que cruzar al Pacífico e irnos a una playa paradisiaca de Indonesia, Polinesia o Micronesia. Allí es donde crece la haya, una de las frutas más importantes de la cultura tropical de la que todo se aprovecha.

Su aspecto, a simple vista, podría asemejarse al de una piña pero cuando arrancas una cuña observamos un colorido interior que varía entre el amarillo, naranja y el rojo. Su sabor es dulce, muy parecido al de la pera pero la textura, en cambio, es más fibrosa.

Contiene una gran fuente de vitaminas como la C y tiene un aporte de 321 calorías por cada 100 gramos, un poco menos que el plátano. Su consumo varía dependiendo de los pueblos pero se puede comer tanto cruda como cocinada. Las hojas también son un gran aliado para la cocina ya que aportan mucho aroma y ayudar a darle un extra de sabor a postres y a preparaciones con curry.

Además de su consumo, muchas tribus han utilizado la hala más allá de su uso culinario por sus propiedades medicinales siendo un gran aliado para combatir desde un resfriada hasta el asma.

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