30 ml de ginebra, 30 ml de Campari y 30 ml de vermut rojo. Remover en un vaso con hielo, decorar con una rodaja de naranja y beber sin prisas. Pocos cócteles son tan icónicos como el Negroni y reúnen, con una medida de tal sencillez aritmética, tanta historia y glamour. Su aroma, color y amargo sabor han recorrido gargantas durante casi cien años, dejando la huella de su vaso on the rocks en tantas barras como fanáticos seducidos por un sabor que, al contacto con los labios, los convierte en fieles veneradores de sus fuertes matices para la eternidad. Resulta creíble que existiera un conde Negroni, pero es la leyenda la que cuenta cómo pidió a Fosco Scarselli, del Café Casoni, que sustituyese por ginebra la medida de soda de un Americano (aparentemente, al hombre le iba lo de vivir al límite). Una mezcla mágica cuyos ingredientes siempre funcionan juntos independientemente de la marca de vermut o de ginebra que se use y de cómo se prepare, incluso, como afirma Gaz Regan, “revuelto con el dedo índice de quien lo elabore para que el brebaje lleve parte de su ADN”. Su poder alcanza los 26 º y acepta variaciones en la cantidad de cada uno de los alcoholes que lo conforman. ¿Qué te sabe mucho a ginebra? “Rebájalo” con más Campari… o con más vermut.

En The Life Negroni (Spinach Publishing), escrito por Leigh y Nargess Bank, se ilustra el mito alrededor de este cóctel sin par y su mundo, inspirado en la elegancia del aperitivo italiano. Los Banks decidieron poner en marcha este coffee book table inspirados por el brebaje que probaron en “la paradisiaca Formentera”. Curiosamente, fue nuestro país el que les descubrió tal manjar coctelero, sin ser nosotros nada de eso. Fue así cómo, montados en un Bentley Continental GT convertible, descubrieron el universo de imaginería que rodea al cóctel de culto lleno de estrellas de cine o imágenes publicitarias de inspiración futurista como las de las oficinas centrales de Campari en Milán.

La estrella culinaria (y literaria), Anthony Bourdain lo define como el cóctel que “hasta un chimpancé puede hacer” debido a su fácil elaboración (en serio, ponte manos a la obra, no es tan difícil), la cual aprendió de Mario Batali. Desde entonces, es su cóctel de cabecera. Un Negroni es tan adictivo que servirlo en cualquier fiesta te convierte en testigo de un subidón colectivo que provoca sospechas al estilo de: ¿quién me ha echado algo en la copa? “Es el ‘refresco’ perfecto para tomar al lado de la piscina… como lo descubrimos en el hotel The Parker, en Palm Springs”, cuentan los Banks, pero el Negroni es una bebida todoterreno que vale para la piscina, la playa, los Alpes o una terraza antes de aventurarse a un contundente cocido.

Así que enciende el puro (en serio, viene bien para contrarrestar ese peculiar y embriagante amargor), toma asiento y alarga la tarde lo máximo posible pasando página. La de The Life Negroni, claro.

©The Good Life, VV.AA (Spinach) para ‘The Life Negroni’