Un arma de fuego se encargó de llevar al rapero Prodigy a la cárcel, pero fue una indigestión la que lo llevó a meterse entre rejas en la cocina.

Tenencia ilegal de arma de fuego. Ese fue el delito que llevó al rapero Albert ‘Prodigy’ Johnson a cambiar los escenarios por una celda durante la módica cantidad (comparada a los 15 años iniciales de la condena) de tres años y medio en 2006. El dúo del hip-hop conocid<o como Mobb Deep perdía a su media naranja, la cárcel de Rikers Island, en Nueva York, ganaba un reo más, y el magnate del micrófono Prodigy, se hacía con una atajo directo a su libertad, y ya de paso, a su buena salud. “Fui una de las primeras personas que entrevistó a Prodigy cuando salió de prisión hace seis años y fue entonces cuando me contó las dificultades que tuvo para mantener una dieta equilibrada y poder hacerle frente a la anemia falciforme que padece desde que era pequeño”, comenta Kathy Iandoli, la periodista experta en rap que trabajó codo con codo con su ídolo para publicar Commisary kitchen: my infamous prison cookbook, un libro basado en las recetas que la leyenda del hip-hop ideó a base de ingenio e ingredientes disponibles en el economato de la cárcel. “Aunque también hay hueco para aquellos platos cotidianos que nunca faltaban en el menú diario de la cárcel y que, aunque no suenan de lo más apetitoso, son sorpredentemente deliciosos”, cuenta Kathy.

Al entrar en el tema de los alimentos que se les permiten o proveen a los reclusos dentro de la cárcel, también nos adentramos en ese  calorado debate moral que saca a la luz la fina línea que separa la humillación de la dignidad. “Este libro no va a convertirte en un mejor cocinero, pero sí en una mejor persona. Vivimos en un mundo donde los prisioneros son tratados como animales y la forma en la que cocinábamos nuestros aliementos nos hacía sentirnos más humanos ahí dentro. Al fin y al cabo, era lo único a lo que podíamos aferrarnos”, dice ‘P’ en la introducción de su relato carcelario. El mero acto de cocinar funcionaba para Prodigy y sus “compañeros” como aliciente para su autosuficiencia, ya que como presos, solo podían acceder a alimentos de tres formas diferentes: las comidas que se les proporcionaban a diario, los paquetes que les mandan sus familiares o seres queridos o a través del economato. Eso sí, nada era fresco, escaseaban los vegetales e incluso la fruta se presentaba dentro de una lata. Aunque de vez en cuando era posible conseguir algún que otro pollo entero.

Cocinar se acabó convirtiendo en un pasatiempo divertido, pero también una absoluta necesidad. “El primer día que estuve en la cárcel comí la peor comida que recuerdo. Y también la que me mandó directo al hospital. Solían preparar una mezcla con fideos de ramen instantáneo, caballa en lata y Doritos. Lo metían en una bolsa y lo aplastaban todo. Era muy desagradable pero también un plato muy popular en Rikers Island. Un par de horas después de comérmelos me sentí mareado, sudaba y empecé a vomitar. En serio, nunca lo comáis”, advierte Prodigy. Dicha advertencia le pudo haber venido bien cuando le soltaron budín de pan con un vello púbico. “Parecía una vela de cumpleaños, ahí, observándome”, dice mientras se ríe. “A partir de ahí dije basta, se acabó, me niego a comer esto, tengo que cocinar mis propias cosas a partir de ahora”.

Según Kathy, la dieta de un preso viene cargada de conservantes y sodio. Entran sanos y fuertes y vuelven al mundo sin ningún tipo de valor nutricional en el cuerpo y con enfermedades como diabetes o hipertensión. A falta de vegetales y frutas frescas con las que trabajar, salvo manzanas, Prodigy aprendió a sacarle el máximo partido a las latas de conservas a su alcance. “La belleza de las recetas de Commisary kitchen reside en que son fáciles de hacer en casa, incluso añadiendo y sustituyendo algunos de los productos enlatados por verduras y hortalizas. Mis elaboraciones favoritas por ejemplo, son as Black eyed P’s (judías rojas), Sweet as fuck yams (boniato dulce), y los Scrambled eggs P’s (huevos revueltos con guisantes). Nunca pensé en agregarle guisantes a mis huevos hasta ahora. La ensalada de macarrones con manzana de P también es siempre una buena opción. Ahora bien, ni loca cocinaría la Prison surprise (el bombazo de ramen y Doritos). Jamás. Vamos, no creo que ni Prodigy me aconseje hacerla”, concluye Iandoli.