Desde entonces, Alfonso Rodés (Barcelona, 1961) ha desarrollado una carrera vertiginosa ocupando varios cargos en la compañía, hasta que en 2016 fue elegido presidente de Havas España y Portugal, uno de los mayores grupos globales de publicidad y comunicación, que ofrece un amplio abanico de servicios. Entre sus clientes destacan firmas como el grupo Kia Motors, Hugo Boss, Michelin, Danone, Puig, Telefónica o El Corte Inglés, que fue su primer cliente.

¿Qué objetivos prioritarios se ha marcado como presidente de Havas España y Portugal para los próximos años?

Aunque me caracterizo por pensar a largo plazo, eso no me impide estar y vivir el día a día, y entre las medidas que tengo en mente para los próximos años está, sin duda, la de consolidar la compañía. Pero para mí, lo esencial es ser capaz de tener la visión continua de cómo va a evolucionar el sector, y que nos sepamos adaptar va a ser la clave para resultar más atractivos que nuestros competidores. Si no te adaptas en seis meses a los cambios y a las nuevas disciplinas que van apareciendo, y no lo haces a nivel global, estás fuera del mercado.

Un experto en publicidad como usted, ¿cómo analiza la transformación que ha sufrido el sector publicitario en los últimos años con la irrupción de los medios digitales, la multiplicación de los canales de televisión…?

Es muy gracioso, porque la transformación digital, en gran medida, lo que hace es mejorar y simplificar la experiencia del consumidor, y por eso aparecen un montón de aplicaciones que hacen mucho más fácil el acceso a los consumidores a un servicio. En el sector de la publicidad, por el contrario, se ha ido haciendo más complejo, más confuso, con más disciplinas, más canales, más de todo… Lo que tratamos nosotros es de simplificar la vida, pero es un cambio de mentalidad muy profundo, ya que hasta ahora era una disciplina de la planificación de comprar, pero ahora tenemos que ser capaces de coordinar diferentes disciplinas enfrente del cliente, y saber trabajar en equipo, algo que en nuestra industria no es muy habitual, porque está llena de egos. Ahora ya no, tenemos que ser capaces de entender que si un cliente necesita cinco disciplinas para contestar un briefing tengo que reunir a cinco especialistas para que, conjuntamente, lo contesten. Y eso es trabajar en equipo.

¿Sus clientes prefieren salir más en papel o en ‘online’? 

Actualmente, en España el volumen en inversión publicitaria en internet es superior al de prensa y revistas juntas. Nosotros ya no medimos si es papel u online, sino que hablamos de display, por lo que a mí me da igual si el anuncio está en la revista física de Tapas, o en su web. Al final se trata de un anuncio, y nuestro trabajo es posicionarlo bien para que el cliente lo mire y que la calidad del soporte, ya sea papel, digital, una aplicación o una web, sea similar.

Para aceptar llevar a cabo una campaña de publicidad de un cliente, ¿qué requisitos ponen sobre la mesa? 

Por desgracia pasa al revés, y es que al cliente le guste lo que nosotros vayamos a proponerle. No tenemos una cola de clientes que nos supliquen que trabajemos para ellos, ya me gustaría… En nuestra industria hay una competitividad brutal, y cuando un cliente quiere controlar los gastos y que, al final, sea el Estado el que tenga que pagar el déficit. Eso no es jugar en un mercado con las mismas reglas. Si hay unas reglas que sean para todos iguales, que tienen que cumplir un presupuesto, y parte de ese presupuesto son ingresos en publicidad y en igualdad de condiciones que las cadenas comerciales, me parecería interesante. Pero las reglas tienen que estar muy claras y ser muy distintas a las anteriores.

Su padre, Leopoldo Rodés, era un importante filántropo y gran entendido en arte, ¿ha seguido sus pasos?

En cuanto a filantropía, hago todo lo que puedo, y el arte me gusta, pero me queda un recorrido por aprender. Me encanta el arte contemporáneo, aunque soy consciente y muy crítico conmigo mismo, porque muchas veces me cuesta entenderlo y me fastidia mucho cuando alguien entiende una obra de arte y yo no lo logro, aunque pienso que es cuestión de tiempo.

Mariano Rajoy lleva gobernando más de cinco años, ¿qué nota le pondría?

Por un lado, le pondría una nota alta porque tomó unas medidas muy drásticas, muy antipopulares, pero que permitieron que España saliera de la crisis. Pero también le pondría una nota muy baja, porque no ha sabido gestionar bien el tema catalán.

Usted, como empresario barcelonés, ¿cómo ve la situación política que se está viviendo en Cataluña? 

Con tristeza, con mucha tristeza, y creo que tanto el Gobierno de la Generalitat como el de España deben de estar tristes. No hay nadie que esté contento con lo que está pasando, porque no hay nadie que diga que estamos yendo a donde queremos. Nadie. Y eso es lo que me entristece, que nadie sea capaz de levantar la mano y preguntar: ¿dónde vamos? Y en esto, volvemos a los egos, pero no hay nadie que esté contento. No ves con ilusión a ninguno de los políticos, ni en Cataluña ni en el resto de España. No nos damos cuenta de que la situación nos va a perjudicar a todos, y a mí me entristece que no seamos capaces de hablar y de ver márgenes de cooperación.

Suele viajar mucho. ¿Dónde ha vivido sus mejores experiencias gastronómicas?

Me gusta viajar mucho y probar cosas diferentes. Recuerdo una vez que fui a Bangkok y me hicieron un tour por el district food, y en un restaurante me dieron a probar la ensalada de la flor del banano, que es una de las mayores delicias que he comido en mi vida. Era sensacional, y me gustaría volver allí para probarla de nuevo. También en Camboya fuimos a una recepción, y luego a un restaurante, y lo primero que nos sirvieron fue una tarántula frita, y la verdad es que estaba crujiente y muy buena, aunque el resto de los comensales no sabía dónde mirar.

©Xavier Torres-Bacchetta