Ahora que el verano está a la vuelta de la esquina (las altas temperaturas nos llevan avisando un par de semanas…), las frutas con huesos (y mucho color, ¡alegría!) empiezan a cobrar protagonismo en despensas y mesas: es el caso de las ciruelas, las cerezas y los albaricoques. ¿Por qué? Porque aportan al paladar una explosión de sabor sin igual y porque se pueden tomar a cualquier hora del día. Nos refrescan y también nos hidratan… y, encima, son beneficiosas para nuestra salud. El por qué de nuestra recomendación, líneas abajo. ¡A cuidarse!

Ciruelas

Contienen una gran proporción de agua, hidratos de carbono, minerales y vitaminas. Y su sabor dulce y su textura jugosa la hacen más que apetecible durante la temporada estival. Además, combaten los procesos infecciosos a partir de su acción antiséptica y antioxidante, mientras que la fibra y la pectina luchan contra el estreñimiento regulando los procesos digestivos y favoreciendo el tránsito intestinal.

Cerezas

Pueden ser dulces o agrias pero, sea como fuere, siempre aportan vitamina C y potasio. También estabilizan los niveles de azúcar en sangre y suponen una suma extra de minerales, además de aliviar el dolor de las articulaciones. ¿Que qué mas? Se las relaciona con problemas de insomnio debido a su alto contenido en melatonina, por lo que en esta época (en la que solemos tener el cuerpo más alterado) un puñado en la merienda va muy bien. Y por si te animases, he aquí la receta del pastel de cerezas de Twin Peaks.

Albaricoques

Son ricos en pectina, lo que les proporciona una textura cremosa cuando se comen maduros y su peculiar carnosidad cuando se secan. Sobresalen por su contenido en vitamina A y C, así como en la gran cantidad de minerales que contienen. Y fomentan el crecimiento óseo.

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