En una entrevista con Europa Press, Batlle explica que el proyecto surgió al observar el contraste entre su trayectoria y la de su hijo: mientras ella dejó su pueblo, Torroella de Fluvià (Girona), para ir a vivir a Barcelona, su hijo –que creció en Sant Boi de Llobregat– descubrió su vocación agraria durante la pandemia.
«Pensábamos que durante la adolescencia se le iría de la cabeza, pero cada vez le gustaba más», relata la autora, cuyo hijo ingresó en una escuela agraria a los 16 años para seguir los pasos de su abuelo.
UN RELATO EN POSITIVO FRENTE AL ESTIGMA
Fruto de la añoranza que le despertó que su hijo se fuera de casa a una edad tan temprana, Batlle decidió escribir el libro con testimonios similares y ante la falta de historias «en positivo» sobre adolescentes que apuestan por el campo.
A través de diez perfiles de distintos sectores y comarcas catalanas, retrata a una generación que califica de «valiente y proactiva» y que ha tenido que convencer a sus propias familias para que les permitan dedicarse a un oficio manchado por el desconocimiento urbano y la caricaturización, en sus palabras.
La autora denuncia la «incomprensión» y el estigma que sufren estos jóvenes en el entorno escolar: «Rápidamente son señalados, les dicen que huelen a vaca o que hacen peste, y algunos llegan a esconder su vocación para evitar burlas».
Esta presión social se traslada también al ámbito afectivo, donde muchos optan por parejas del mismo sector debido a la exigencia de una dedicación de «24 horas, siete días a la semana».
«COMPETIR HACIENDO TRAMPAS»
‘Arrels Rebels’ no solo es un retrato humano, sino también una denuncia política, social y económica que aborda cuestiones como la concentración de tierras en pocas manos, describiendo incluso un episodio donde títulos nobiliarios poseen fincas centenarias mientras el precio de la maquinaria ahoga a pequeños productores.
También se muestra una crítica hacia el acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur, cuya aprobación ha sido recientemente pospuesta después de que el Parlamento Europeo haya dejado en manos del Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea (TJUE) su aplicación.
«Competir haciendo trampas no es competir», critica la periodista, alegando que mientras a los productores europeos se les exigen protocolos estrictos, se permitiría la entrada de productos que no cumplen «ni una quinta parte» de dichas normativas.
Asimismo, las voces que aparecen en el libro lamentan que el sindicalismo agrario en Catalunya sea menos combativo que el de vecinos europeos como Francia debido, en su opinión, a la dependencia de las subvenciones gubernamentales.
DIÁLOGO CON EL GOVERN
El libro culmina con una reunión impulsada por la propia Batlle entre los diez jóvenes protagonistas y el conseller de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, Òscar Ordeig.
En dicho encuentro, celebrado el pasado 13 de mayo de 2025, los jóvenes trasladaron sus reivindicaciones, como la necesidad de flexibilizar la burocracia y agilizar la contratación de trabajadores inmigrantes mediante cursos prácticos de bienestar animal en lugar de exigir titulaciones complejas.
«Si se pierde una familia de agricultores, se pierde una tradición, una cultura y un legado», advierte Batlle, quien también reclama respeto a los nuevos habitantes rurales que se quejan del ruido de los tractores o del canto de los gallos.
La autora concluye con una llamada a la responsabilidad colectiva: «Es muy bonito hacerse fotos en los campos de girasoles, pero ahí hay alguien que los ha trabajado. La gente no quiere comida envenenada, sino de proximidad, pero hay muchos tentáculos que dificultan que esa comida llegue a nuestros platos», resuelve.