Durante diez días, Sitges se convierte en uno de los grandes escenarios internacionales del cine fantástico. Las criaturas imposibles salen de la pantalla, los aficionados ocupan las calles y las conversaciones giran alrededor del terror, los estrenos y las películas que nadie debería perderse. Pero entre una sesión y otra hay otro ritual que merece la pena tomarse en serio: sentarse a la mesa, pedir algo para compartir y descubrir qué se cuece en los bares y restaurantes de la localidad.
La 59.ª edición del Sitges Film Festival se celebra del 8 al 18 de octubre de 2026. El certamen abrió su programación con Found Alive, el thriller de supervivencia dirigido por Carlota Pereda y protagonizado por Chloë Grace Moretz, y dedica uno de sus homenajes a Carrie, la película de Brian De Palma basada en la novela de Stephen King que cumple 50 años. La programación combina cine de género internacional, clásicos restaurados y encuentros con profesionales de la industria.
Fuera de las salas, Sitges tiene un argumento propio: cocina marinera, barras con historia y una cultura del tapeo que encaja bien con el ritmo de un festival. Estas seis direcciones permiten recorrer distintas caras de su gastronomía, desde las patatas bravas hasta los arroces junto al puerto.
Bar El Cable: las bravas que forman parte de la historia local

Hay establecimientos que terminan convirtiéndose en parte del paisaje de una localidad. El Cable, fundado en 1940 y gestionado por la tercera generación de la familia Andreu, es uno de ellos. Su trayectoria está ligada a la cultura del tapeo de Sitges y cuenta con un reconocimiento que va más allá de sus clientes habituales: en 2013 ganó el concurso La Tapa de l’Any de Cataluña con «Buscant en Nemo», una creación de tartar de atún rojo con esferificaciones y una presentación poco convencional.
Para una visita más clásica, sus patatas bravas siguen siendo una de las recomendaciones habituales. Es una parada para empezar la ruta sin complicaciones, con una barra de barrio y una historia que demuestra que la gastronomía local no necesita reinventarse constantemente para conservar su atractivo.
📍Dónde: Carrer de Barcelona, 1.
2. La Pícara: tapas, vinos y sobremesa en el centro

La Pícara propone una fórmula sencilla: tapas, raciones y vinos en un ambiente informal, en pleno centro de Sitges. Su carta combina referencias riojanas y catalanas, una mezcla que permite convertir la comida en un recorrido de pequeños platos en lugar de apostar por un único protagonista.
Es una dirección adecuada para quienes visitan el festival en grupo y prefieren compartir varias elaboraciones antes de volver a las salas. También para quienes entienden que el aperitivo no es simplemente una pausa entre planes, sino una parte esencial de cualquier escapada gastronómica.
Su ubicación, en la calle de Sant Pere, permite incorporarla fácilmente a un paseo por el centro histórico. Conviene consultar los horarios y reservar con antelación durante los días de mayor afluencia del certamen.
📍Dónde: Carrer de Sant Pere, 3.
Guria Taberna: una parada con acento vasco

La gastronomía de Sitges no se limita a las recetas catalanas. Entre sus propuestas también hay espacio para otras tradiciones culinarias, como la que representa Guria Taberna, una dirección en la calle de Sant Pere con un planteamiento de taberna.
Es una alternativa para quienes buscan un ambiente informal y quieren salir del circuito de los restaurantes de cocina marinera. En una ruta que combina distintas formas de entender el tapeo, su presencia aporta variedad y permite explorar una oferta gastronómica más amplia que la que sugieren las postales de playa y puerto.
La idea es sencilla: elegir varios platos, compartirlos y reservar tiempo para la conversación. En un festival en el que las películas suelen prolongarse en debates improvisados a la salida del cine, no hace falta mucho más.
📍Dónde: Carrer de Sant Pere, 30.
Can Robert: tapas y vinos para alargar la conversación

Otra opción para quienes prefieren una comida informal es Can Robert, que reúne tapas y vinos en el centro de Sitges. Su propuesta encaja en esa categoría de establecimientos que permiten organizar una comida a base de platos compartidos y acompañarla con una copa, sin necesidad de convertir la salida en una ocasión solemne.
En un viaje marcado por horarios de proyecciones, presentaciones y encuentros, la flexibilidad importa. Una mesa de este tipo permite improvisar, comentar la película anterior y planificar la siguiente sin que la gastronomía quede reducida a un trámite.
Para quienes quieran explorar Sitges más allá del festival, la dirección también funciona como punto de partida para recorrer las calles comerciales del centro antes de volver a la programación cinematográfica.
📍Dónde: Carrer Marquès Montroig, 8.
La Nansa: cocina catalana con identidad marinera

Para comprender la gastronomía de Sitges conviene detenerse en su cocina tradicional. La Nansa, restaurante familiar situado en la calle de la Carreta, trabaja con productos de proximidad y una propuesta vinculada al recetario catalán.
Entre las referencias gastronómicas que merece la pena conocer en la localidad está el xató, una preparación de escarola, pescado y aceitunas acompañada de una salsa intensa en la que intervienen ingredientes como las ñoras y los frutos secos. Es uno de esos platos que ayudan a explicar la identidad culinaria de la zona y que merece un lugar en cualquier recorrido que aspire a ir más allá de las tapas más conocidas.
La visita a La Nansa permite cambiar el ritmo de la ruta y sentarse a comer con más calma. Una opción para quienes quieren descubrir una cocina ligada al territorio antes de regresar a las películas.
📍Dónde: Carrer de la Carreta, 24.
Can Laury: pescado y arroces junto al puerto

El recorrido puede terminar junto al Mediterráneo, en el puerto de Aiguadolç. Can Laury Peix es una dirección especializada en cocina marinera, con pescado, marisco y arroces, en un entorno que invita a prolongar la comida sin mirar constantemente el reloj.
El puerto ofrece una imagen diferente de Sitges, alejada por un momento del bullicio del centro y de las colas ante las salas. Aquí el plan pasa por sentarse a la mesa y dedicar tiempo al producto, con el paisaje marítimo como parte de la experiencia.
Es una alternativa para quienes quieran reservarse una comida más larga durante el festival, especialmente si el programa permite una pausa entre las sesiones de la mañana y las de la tarde. Porque una escapada cinematográfica también se disfruta cuando se sale de la oscuridad de la sala y se vuelve a mirar al mar.
📍Dónde: Avinguda del Port d’Aiguadolç, 49.
Un plan rápido entre proyecciones: Foodtastic
Para quienes no quieran alejarse de la actividad del festival, Sitges habilita durante estos días Foodtastic, el espacio de food trucks situado junto al mar, en la zona de King Kong, en la confluencia de la avenida de Balmins con la calle de Ramon Planas.
El espacio está previsto del 8 al 18 de octubre, de 12:00 a 24:00 horas, y ofrece una alternativa para comer algo sin organizar una comida formal ni desplazarse demasiado entre actividades.
Es también una manera de vivir el ambiente del certamen fuera de las salas, en un punto de encuentro para visitantes y aficionados. A veces, entre una película de terror y otra, lo que apetece es precisamente eso: algo de comer, una conversación al aire libre y unos minutos para decidir cuál será la próxima historia que nos quite el sueño.
Sitges tiene cine fantástico para llenar diez días, pero también suficientes razones gastronómicas para salir de la sala. Unas bravas con historia, una taberna, un plato de cocina catalana o una comida marinera junto al puerto: el mejor itinerario quizá sea el que permite disfrutar de todo sin necesidad de elegir entre la pantalla y la mesa.