Israel Fernández (Corral de Almaguer, Toledo, 1989), cantaor y compositor, habla del flamenco desde la experiencia de quien lleva prácticamente toda una vida dedicada a la música. Empezó a cantar con tan solo cinco años y, en los últimos años, ha sido nominado a los Grammy Latinos y ha recibido el Premio Odeón al Mejor Álbum de Flamenco por Amor, además de compartir música con artistas de estilos y generaciones muy diferentes. Ahora prepara un nuevo disco que, según adelanta, mantendrá el respeto por la tradición, pero buscará aportar “frescura”, mientras sigue defendiendo un flamenco ligado a las vivencias, la inspiración y las emociones.
Entre recuerdos de infancia, la soledad necesaria para crear y su admiración por Camarón y Lorca, también hay espacio para la cocina de su abuela y algunos de los manjares de la histórica taberna Los Gabrieles.
Has dedicado toda tu vida al flamenco. ¿Cómo te encuentras actualmente, tanto en lo personal como en lo artístico?
Estoy viviendo mucho e intentando describir lo que vivo, porque creo que un artista tiene que vivir para escribir. Las experiencias, tanto buenas como malas, son las que después puedes transmitir al público. Un artista tiene que estar vivo, lleno de vivencias reales.
Comenzaste a cantar siendo muy pequeño y, con solo 11 años ganaste un concurso en TVE. ¿Qué recuerdas de aquella etapa y qué le dirías hoy a ese niño?
Fue una época muy bonita, con mucha inocencia. Cantaba desde los 5 o 6 años con mis tíos y, cuando tenía 11, fui a cantar a un programa y gané el primer premio: un millón de pesetas. Mis padres estaban trabajando en el campo y, a partir de ahí, empezó todo. A aquel niño le diría que no tuviera prisa, que no se preocupara tanto por el futuro ni por el pasado y que disfrutara y se cuidara.
Has trabajado con artistas de estilos muy diferentes al tuyo, como Dellafuente. ¿Cómo fue eso?
Fue una maravilla porque, aparte de artista, es una gran persona, con un corazón noble, inteligentísimo y muy sencillo. Conectamos desde el principio y después surgió una amistad. Él no habla mucho y yo tampoco soy muy hablador; pero con él, sin hablar, nos entendíamos. Incluso estuvo en mi casa unos días de Navidad con su familia. Fue una cosa muy bonita.
También colaboraste con uno de los productores más importantes de España en el tema La Inocencia. ¿Qué destacarías del Guincho?
Le estoy eternamente agradecido porque aportó muchísimo. Hizo una producción increíble junto a Diego del Morao, muy pura, con unos fandangos súper naturales, siguiendo el canon del flamenco. Y cuando digo “puro” no es porque sea purista. Yo hablo de la pureza de la persona, de su nobleza, de la verdad que tiene. Esa es la pureza real. Hay productores que producen y te dicen: “No lo toques, porque esto es lo que yo he hecho”. Pero luego están los monstruos que dicen: “Esto es lo que yo he hecho, pero si veis cualquier cosa, yo me fío de vosotros”. Él nos dejó que, después de su producción, pudiéramos tocarla y esto es una maravilla.
En Mi Superona mezclaste flamenco con corridos mexicanos con Chanela Clicka, Lia Kali y Adriel Favela. ¿Qué te llevó a esa colaboración?
Fue una experiencia muy bonita. Considero que la mezcla en esa canción fue buenísima y con mucho motivo. Las mezclas hay que hacerlas como en las comidas: no se le puede echar cualquier cosa, tiene que darle sabor y merecer la pena, porque si no lo puedes estropear.
Fuiste nominado dos veces a los Grammy y has recibido un Premio Odeón. ¿Qué significan para ti estos reconocimientos después de tantos años de carrera?
Es un sueño, un regalo de la música. Ya solamente estar nominado y con gente que admiro tanto… La primera vez estuve nominado con Pepe de Lucía, hermano del maestro Paco, y para mí fue una bendición. La segunda vez estuve nominado con Niña Pastori y otros compañeros. Son sueños que muchas veces no se sueñan y se cumplen.
Mantener una carrera tan exigente implica renuncias. ¿Qué has tenido que sacrificar para poder dedicarte plenamente a la música?
Uno tiene que sacrificar mucho y tener disciplina. A veces tienes que salir menos, estar menos con los amigos o renunciar a determinados momentos de ocio. Para estar bien y dedicarte plenamente al flamenco, tienes que aprender incluso a ser amigo de la soledad.
Después de tantos años en la música, ¿alguna vez has sentido la necesidad de parar?
No. Yo paro cuando quiero y, si quiero, no hago nada. Mis compañeros y mi oficina respetan mucho mi manera de entender la música. Los conciertos los respeto por el público. Tendría que estar muy mal o tener un gran problema para dejar a un público tirado. Ellos son, en realidad, quienes mueven la música.
¿Qué te gustaría conseguir todavía y qué papel crees que deben tener los jóvenes en el futuro del flamenco?
Mi motor es mantener viva la infancia y esa llama que me permite tener inspiración. No me gusta hablar de objetivos, sino de constancia. Los jóvenes son el motor de la vida y me gustaría que hubiera todavía más afición al flamenco entre ellos, especialmente al flamenco puro.
¿Crees que Rosalía ha ayudado a ese acercamiento del flamenco a los jóvenes?
Totalmente. Gracias a Rosalía, que ha metido mucho flamenco en sus temas, mucha juventud se ha aficionado y ha empezado a preguntarse: “Esto, ¿de dónde viene? ¿Esto es una bulería? ¿Qué ritmo tiene?”. Eso es bonito, porque te va metiendo naturalmente en su historia.
El 14 de septiembre actuaste en la Bienal de Flamenco de Sevilla, en el Real Alcázar. ¿Qué supone para ti?
Para mí, cantar en Sevilla es un regalo porque admiro mucho la ciudad. La historia del flamenco está allí, junto con Jerez. Por allí han pasado todos mis ídolos, todos los artistas que admiro y de los que sigo aprendiendo. Siempre que voy a la Bienal lo hago con mucho respeto y mucho amor. Cuatro o cinco días antes de la actuación, me encierro en casa y me concentro mucho para poder dar todo lo que transmite mi corazón ese día y llegar al público.
Estás trabajando en un nuevo disco. ¿Qué puedes adelantarnos y qué quieres aportar al flamenco actual con él?
Tiene letras muy profundas y me cuesta grabarlo porque, para escribir, tienen que pasar cosas. Creo que habrá algunos detalles innovadores. En el flamenco no se puede crear todo desde cero, pero síse puede innovar y aportar frescura. Ese es el espíritu del disco.
La cocina tiene esa capacidad de transportarnos de vuelta a casa y a la infancia con un solo bocado. ¿Qué plato o sabor te lleva directamente a esos recuerdos?
Mi abuela siempre ha sido de cocinarnos mucho y lo hacía con tanto amor, que todo estaba rico. No sabría quedarme con un plato, aunque el arroz a la cubana es uno de los que más me recuerda a mi infancia.
Si pudieras sentarte a la mesa con cualquier persona, de cualquier época, para compartir una comida y una buena conversación, ¿a quién elegirías?
Me encantaría comer con Camarón de la Isla o Federico García Lorca.
¿Y cuál es ese pequeño placer gastronómico al que tú nunca dices que no?
No tengo plato favorito, tengo bocadillo favorito, que es el de tortilla francesa con tomate.