Vino

Del viñedo a la marca: comunicación, diseño e identidad en el futuro de la garnacha zaragozana

La garnacha se descorcha. La marca se construye.Y la II Feria Internacional de la Garnacha y la Gastronomía Sostenible lo celebra.

No cabe duda de que los aragoneses trasladan el orgullo por su tierra en todo lo que hacen. Como dice el refrán, “de bien nacidos es ser agradecidos”, y en este caso, se nota en su capital, Zaragoza. Desde el reciente reconocimiento de la ciudad como Ciudad Creativa de la Gastronomía por la UNESCO hasta su consolidación como Capital Mundial de la Garnacha, hablamos de una identidad que hunde sus raíces en un territorio único, diverso y profundamente ligado a la cultura del vino. Una cultura que se celebra y reivindica en la II Feria Internacional de la Garnacha y la Gastronomía Sostenible, un evento concebido para “descorchar” el valor de la oferta aragonesa en su máxima expresión, con las puertas abiertas a todo el público y una clara vocación de encuentro entre vino, territorio y gastronomía.

Con un total de 40.000 visitantes en la primera edición, esta feria pretende recordar que las denominaciones de origen de Cariñena, Campo de Borja y Calatayud son la cuna de una variedad que ha sabido evolucionar con el paso del tiempo sin perder su esencia, convirtiéndose en uno de los grandes patrimonios vitivinícolas de Aragón.

No obstante, el mercado global es cada vez más competitivo, la calidad y la identidad ya no son suficientes por sí solas. Tener una historia, un origen excepcional o un producto diferencial es solo el principio. El resto del camino -cada vez más decisivo- pasa por saber comunicarlo y diferenciarse. Hoy, la identidad de un territorio también se construye a través de las imágenes, los relatos, las experiencias y las emociones que es capaz de generar. Sin una estrategia de comunicación sólida, sin diseño y sin una visión clara de marca, resulta difícil que un producto alcance el reconocimiento internacional que merece. Y la garnacha, sin duda, lo merece.

Por ello se han impulsado tres encuentros de excelencia previos (‘Excelencia Empresarial y Vino’; ‘Abadía Retuerta’ y ‘Comunicación, Diseño y Vino’), concebidos como un espacio para reflexionar y poner en común estas claves, con el objetivo de dar un paso más en la proyección futura y el reconocimiento de la garnacha zaragozana más allá de nuestras fronteras y conocimientos.

Comunicación, Diseño y Vino

La jornada de ‘Comunicación, Diseño y Vino’ reunió a profesionales del diseño, la creatividad, la comunicación y el branding para reflexionar sobre una cuestión fundamental: cómo convertir la garnacha en mucho más que una variedad de uva; cómo transformarla en un símbolo cultural capaz de ser reconocido y deseado dentro y fuera de territorio nacional. Un objetivo que conecta directamente con la ambición que sobrevuela todo el proyecto: conseguir que cuando alguien piense en garnacha, piense en Zaragoza.

La IA sirve las copas

En el ámbito de la comunicación, Alberto Fernández, CEO de Annie Bonnie, defendió que en un entorno saturado de mensajes no triunfa quien más habla o invierte dinero, sino quien consigue construir una señal con significado: «La estética lo es todo para el mensaje». Además, planteó cómo la inteligencia artificial ya influye en las decisiones de consumo y en los contenidos que descubrimos, un escenario en el que la garnacha necesita desarrollar un relato reconocible, atractivo y culturalmente relevante para seguir creciendo y conectar con nuevas audiencias. Fernández destacó también dos conceptos clave para construir una identidad sólida alrededor de Zaragoza y la garnacha: el reencuentro y la autenticidad.

Alberto Fernández, CEO de Annie Bonnie. / Cedida

Diseño, marca y expresión como el futuro del vino

La importancia de la imagen fue uno de los ejes centrales de la jornada, abordado desde distintas perspectivas pero con una idea común: el vino también se cuenta antes de ser probado.

En este sentido, la intervención de Jerónimo Pérez, cofundador del estudio chileno Otros Pérez y responsable de proyectos para numerosas marcas internacionales de bebidas y vinos, puso el foco en el packaging como primer punto de contacto con el consumidor. Antes de abrir una botella, ya estamos interpretando una historia. Por ello, el diseño no puede entenderse como un elemento decorativo, sino como una herramienta estratégica capaz de transmitir autenticidad, diferenciación y valor añadido. En un mercado cada vez más visual, la etiqueta y el envase deben emocionar, generar reconocimiento y construir una conexión inmediata.

Desde otra perspectiva, David Ruiz, fundador de ruiz+company, profundizó en la construcción de marca a largo plazo. Con experiencia en proyectos para Viña Pomal, Bodegas Torres o Bodegas Vintae, defendió que las marcas más sólidas son aquellas capaces de sostener relatos coherentes en el tiempo, basados en valores reales y conexiones emocionales con las personas. En su intervención subrayó una idea clave: el vino es una cata para saborear y recuperar la buena vida.

Ana Bendicho, Iván Caíña, Jerónimo Pérez y David Ruíz. /Cedida

Más tarde, la mirada más artesanal llegó de la mano deIván Caíña, diseñador gráfico y especialista en lettering, quien reivindicó el valor de lo manual en un contexto dominado por lo digital. Su trabajo demuestra cómo una palabra escrita a mano, una firma o un pequeño gesto gráfico pueden convertirse en formas de expresión especialmente valiosas en un mercado saturado y homogéneo.

Por último, Ana Bendicho, Directora creativa de estudio Novo Diseño demostró cómo a través del diseño industrial puede servir para contar la historia de un territorio y de su cultura.

La garnacha como relato

Los encuentros han demostrado que el futuro de la garnacha se juega tanto en el viñedo como en la forma de presentarla al mundo. Zaragoza cuenta con historia, territorio y producto para liderar esta conversación, pero también con una creciente comunidad de profesionales capaces de traducir ese patrimonio en experiencias, relatos e imágenes con proyección internacional. El objetivo está claro: conseguir que cuando alguien piense en garnacha, piense en Zaragoza. Porque la garnacha ya no es únicamente una variedad de uva, es patrimonio, identidad, gastronomía, turismo, cultura y una oportunidad de futuro para todo un territorio.