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The Social Hub Madrid y el arte de alargar la tarde: gastronomía, cócteles y vistas para celebrar el verano

El rooftop de The Social Hub Madrid inaugura temporada con una nueva propuesta gastronómica pensada para compartir y una original carta de coctelería inspirada en la mitología griega.

Foto TSH Madrid

Hay ciudades que cenan pronto. Madrid no es una de ellas. Mientras en otros lugares el día empieza a despedirse cuando cae la tarde, en la capital española ocurre justo lo contrario: las terrazas se llenan, las conversaciones se alargan y los planes improvisados acaban convirtiéndose en la mejor parte de la jornada. Madrid tiene una extraña habilidad para transformar cualquier miércoles en una celebración espontánea. Y si existe un lugar desde el que contemplar ese ritual urbano, probablemente sea desde una azotea.

La temporada de rooftops ya está oficialmente inaugurada y uno de los espacios que vuelve a reclamar protagonismo es el de The Social Hub Madrid. Situado en plena Cuesta de San Vicente, a escasos metros de Plaza de España y con una privilegiada panorámica sobre el Palacio Real y los jardines que lo rodean, este refugio elevado recupera su actividad con una propuesta que combina gastronomía informal, coctelería creativa y una declaración de intenciones muy madrileña: disfrutar sin prisas.

La idea que inspira esta nueva etapa tiene nombre propio: The Long Evenings. Una forma elegante de definir algo que cualquier madrileño entiende perfectamente. Es ese momento en el que una comida se convierte en sobremesa, la sobremesa en copa y la copa en un plan inesperado que termina mucho después de lo previsto.

Aquí la cocina acompaña esa filosofía. No busca impresionar desde la complejidad, sino desde el placer compartido. La carta se mueve cómodamente entre el picoteo contemporáneo y los sabores reconocibles, con propuestas que invitan a ocupar el centro de la mesa y desaparecer poco a poco entre conversaciones. Aparecen clásicos reinterpretados como la ensaladilla rusa o el vitello tonnato, junto a guiños mediterráneos y de Oriente Próximo como el hummus verde con pistacho o el labneh con zaatar.

Cuando el hambre aprieta un poco más, llegan platos pensados para compartir sin demasiados protocolos: burrata con tomates de temporada, quesadillas, tablas mediterráneas o pizzas romanas que reivindican el placer universal de comer con las manos. Entre ellas destacan versiones tan hedonistas como la de trufa y setas o la de pepperoni con miel picante, probablemente la definición más exacta de lo que debería ser una tarde de verano en una azotea.

Pero si la gastronomía pone el escenario, la coctelería se encarga de contar la historia.

La nueva carta líquida, bautizada como Mitología Líquida, toma prestados personajes de la antigua Grecia para construir una colección de cócteles donde cada mezcla funciona como una pequeña narrativa. Deméter aparece en una versión fresca y sin alcohol a base de avena, pistacho y melón cantalupo; Apolo apuesta por la fruta y el yogur; mientras que propuestas como Ítaca, Zeus o Hades exploran combinaciones más complejas con ron, tequila, mezcal, miel, azafrán o notas cítricas.

La inspiración no es casual. Los antiguos simposios griegos eran espacios dedicados a la conversación, el intercambio de ideas y el encuentro social. Dos milenios después, la fórmula sigue funcionando sorprendentemente bien, aunque ahora se sirva junto a una piscina y con vistas al perfil monumental de Madrid.

Todo ello sucede en un edificio que también forma parte de la narrativa. The Social Hub ocupa la histórica sede de la antigua Imprenta de Madrid, un inmueble donde el patrimonio industrial dialoga con el diseño contemporáneo. Un espacio híbrido que mezcla hotel, coworking, gastronomía, programación cultural y comunidad internacional bajo un mismo techo.

Quizá por eso su rooftop encaja tan bien con el espíritu de la ciudad. Porque no es solo una terraza para tomar algo. Es uno de esos lugares que entienden que en Madrid los mejores planes rara vez empiezan con una hora de finalización.

Y ahora que vuelven las tardes largas, tampoco hace falta buscarla.