El sábado 14 de marzo, Caja de Cerillas, elegido Best New Restaurant 2026 por Tapas Magazine, abrirá excepcionalmente solo para socios de Forbes House.
El propio Enrique Valentí cocinará para los miembros de Forbes House y sus invitados, con un menú especial que recorrerá los platos icónicos (y los fuera de carta del chef) de una casa que, en muy poco tiempo, ha logrado hacerse un lugar propio en la conversación gastronómica de este país. Una oportunidad única de disfrutar de un restaurante en el que ya es prácticamente imposible reservar.
El precio por persona es de 100 euros (bebidas no incluidas). Las plazas son limitadas, condicionadas al reparto de mesas disponibles. Estas se asignarán en riguroso orden de recepción de las reservas.
Les rogamos que reconfirmen su asistencia dado el carácter excepcional de la cita: Caja de Cerillas cierra en fin de semana, y Enrique Valentí les atenderá en exclusiva en su restaurante.
Caja de Cerillas, la cocina con calma
Tras dos décadas afincado en Barcelona, el cocinero madrileño Enrique Valentí volvió a casa con un proyecto profundamente personal. En pleno barrio de Chamberí, donde creció, abrió Caja de Cerillas, un pequeño restaurante de apenas 25 plazas que marca un nuevo capítulo en su trayectoria. El local apuesta por un formato de casa de comidas contemporánea que reivindica la cocina cotidiana. Para Valentí, esta apertura supone una auténtica “vuelta a los orígenes”, tanto en lo personal como en lo culinario.
El chef llega a este momento con una amplia experiencia a sus espaldas. Formado en cocinas emblemáticas como Lúculo y Viridiana en Madrid o Drolma en Barcelona, pronto desarrolló una marcada influencia de la alta cocina francesa y de los clásicos de Escoffier. Con los años consolidó su faceta como creador de conceptos gastronómicos, impulsando proyectos muy conocidos en Barcelona. Caja de Cerillas representa un proyecto íntimo, concebido como una iniciativa propia en la que el cocinero asume todo el protagonismo.
El nombre del restaurante no es casual. Con solo 70 metros cuadrados y ocho mesas, el espacio recuerda literalmente a una pequeña caja de cerillas, un formato que Valentí describe como “microproducción”. La idea es cocinar con calma, para pocos comensales, y mantener el control absoluto de cada plato.
El comedor, pensado para evocar el salón de una casa, se decora con antiguas cartas y menús de restaurantes, reforzando esa atmósfera cercana y nostálgica. En la cocina, la propuesta es clara: producto de mercado y una carta breve que cambia según lo que ofrezca el día, una forma de cocinar sin artificios donde lo importante es, simplemente, dar bien de comer.