Hay películas que miran hacia fuera y otras que se atreven a mirarse al espejo. Historias que no se conforman con contar algo, sino que vuelven sobre el propio acto de contar, sobre sus mecanismos, sus trampas y sus consecuencias. El cine y la televisión han encontrado en ese gesto autorreflexivo una de sus vías más fértiles: ficciones que se repliegan sobre sí mismas hasta que la frontera entre lo que fue real y lo que fue interpretado empieza a desdibujarse.
Aída y vuelta, la nueva película de Paco León (Sevilla, 1974), se inscribe precisamente en esa tradición. El actor y director utiliza la excusa de la grabación de un supuesto último capítulo de la serie que homenajea, Aída, para explorar qué le sucede a un grupo de actores cuando las cámaras se apagan. Hablamos, sí, de una de las series más populares de la televisión española –nacida a su vez como un spin-off de otra, Siete vidas– y que entre 2005 y 2014, ofreció a sus seguidores 237 episodios. Y si no sabes quién es Aída, el Luisma, Fidel, Colmenero, Machupichu o el Chema ni has escuchado nunca hablar del Bar Reynols, es que igual has estado encerrado en una cueva durante los últimos veinte años.

Javier Biosca
Pero puedes seguir leyendo, porque Aída y vuelta va por libre, como Paco. La película se puede ver como fan o como recién llegado, por- que en realidad trata sobre la vida detrás de los focos, como en su momento hicieron Birdman o Escándalo en el plató o, más reciente, la serie The Studio, pero en Esperanza Sur –el barrio ficticio donde se desarrollaba la trama– y arranca con la lectura de guion de un episodio en el que Carmen Machi, agotada de interpretar a su personaje, avisa de que será el último en el que participe.
Eso, en realidad, nunca ocurrió así. O no del todo. La actriz, en la vida real, dejó la serie dos años antes de que finalizara, y contó que efectivamente necesitaba dar un giro a su carrera, desprenderse del personaje. Y vaya si lo hizo. Como ella, muchos de sus compañeros –el elenco principal, salvo la actriz Ana Polvorosa, en la película es el mismo– continuaron sus caminos de modos diversos, pero casi todos con éxito.

Pasado un tiempo –años, en realidad– el equipo se reunió un día para comer y celebrar viejos tiempos. Y fue la propia Machi quien, tal vez venida arriba por el cariño del momento, soltó la bomba: “Venga, hagamos la peli y que la dirija Paco”. Y así empezó todo. Después, y una vez al frente del proyecto, Paco reflexionó mucho sobre cómo convertir en largometraje ese material. No era fácil: “Yo sabía que con Aída no podía hacer una adaptación cinematográfica de un éxito televisivo al uso, porque además, históricamente, siempre han sido un fracaso. Para mí hacer eso era algo comparable a ‘un polvo con tu ex’, que apetece pero no conviene, que nunca va a ser lo mismo y es algo completamente inapropiado”.
Así, tras muchas cavilaciones, encontró la clave cambiando la pregunta. No cómo continuar Aída, sino para qué volver a ella: “¿Qué hubiera pasado si la serie hubiera continuado y se hubiera topado con el #MeToo en 2018, que es donde cambia un poco el paradigma y la toma de conciencia de la corrección política?”, se dijo. Para el director, aquel contexto podría funcionar además como un examen de conciencia “y también una excusa para contar cosas nuestras y hablar de la fama, del trabajo del cómico y de nuestra familia”.
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