Antes de revolucionar el mundo de las hamburguesas y el sector de la comida rápida, McDonald’s fue un puesto de barbacoa. La cadena de comida rápida más exitosa del mundo empezó sus andaduras vendiendo productos muy distintos de los que ahora comercializa, como perritos calientes, carnes y/o especialidades a la brasa.
Nos remontamos a 1940, año en el que los hermanos Richard y Maurice McDonald decidieron hacerse ricos en el sector de la alimentación con un concepto de comida rápida y barata que atrajese a la clase obrera. Abrieron así en San Bernardino, California, “McDonald’s Famous Barbecue”, un exitoso local «drive-thru«, con un gran parking, y una propuesta atractiva de comidas a la brasa que posteriormente dejarían de formar parte del menú.
En los orígenes del restaurante, los hermanos servían perritos calientes, alubias cocidas, tamales y hamburguesas «aristocráticas» que seguían el modelo «fast food» de otras como las de la hamburguesería White Castle. Las burgers se convirtieron de inmediato en su producto estrella que les llevaría a replantear el negocio en 1948, y cerrar el local para establecer un sistema simplificado con un menú sencillo que solo incluía hamburguesas, patatas fritas y zumo de naranja. Al año siguiente, añadieron las patatas fritas y la Coca-Cola.
Tras su reapertura, el local adoptó el nombre de McDonald’s Famous Hamburgers, consolidándose como un restaurante rápido, accesible y pensado para familias. Poco después, Ray Kroc —el visionario detrás del imperio— adquiriría el negocio y lo impulsaría hasta transformarlo en el imperio del fast food que hoy conocemos.