Además del retraso generalizado, se produce una reducción significativa en la superficie dedicada al trigo duro, que en la provincia cae en torno a un 15% debido a la poca rentabilidad que ha tenido en las últimas campañas. No obstante, esta disminución se verá compensada, en parte, por un aumento de las siembras de trigo blando y triticale.
Desde Asaja se ha advertido de que «si las lluvias continúan en las próximas semanas e impiden la entrada de la maquinaria en las parcelas, muchos agricultores se verán obligados a desistir de la siembra de cereales de invierno y optar, en la medida de lo posible, por cultivos de primavera».
Dicha decisión estará condicionada, no obstante, al cumplimiento de los requisitos establecidos en la Política Agraria Común (PAC), especialmente en lo relativo a los pagos de las ayudas y a la posibilidad de realizar cambios de cultivo sin penalizaciones.
Asaja ha insistido en «la necesidad de que la administración tenga en cuenta esta situación excepcional derivada de las condiciones climáticas y adopte medidas de flexibilidad que permitan a los agricultores adaptar sus decisiones productivas sin que ello suponga un perjuicio económico añadido a una campaña ya marcada por la incertidumbre».