Es uno de los destinos favoritos de cualquiera amante de la cerveza, las patatas fritas y los chocolates, pero el norte de Bélgica también esconde una amplia gastronomía, muchísimo diseño, moda y deportes como el ciclismo.

Un conjunto de ciudades encantadas y llenas de belleza que parecen recién salidas de un cuento de hadas. Da igual si tus vacaciones solo te permiten descubrir, de forma exprés, unos pocos rinconcitos de ellas. Prepara la cámara y unas buenas deportivas porque comienza nuestro viaje.

Aterrizamos en Bruselas, pero dejaremos la visita a la ciudad para el final y optamos por tomar un tren que nos lleva a Amberes. La ruta empieza con una visita de la cervecería De Koninck, para descubrir una pequeña parte del grandísimo universo cervecero que existe aquí. ¿Lo mejor? La cata del final de la visita. Una vez hayas abierto el apetito puedes aprovechar para comer en la taberna ciclista con propuestas típicas como los mejillones, el plato insignia de la gastronomía belga, o una croquetitas de camarones. Aquí dejamos que cada uno elija a su gusto.

Seguir con la ruta sin un poco de cafeína no sería posible así que aprovecha para cargar las pilas con un poco de café acompañándolo de una galletita en forma de mano, símbolo de la ciudad de Amberes. Aquí te dejamos un listado de los mejores cafés de la ciudad: Si el café no te ha despertado date una vuelta por la Casa Museo de Rubens, la Catedral de Amberes, Grote Mark, donde se encuentra el Ayuntamiento, y sigue caminando hasta llegar al MAS (Museum aan de Stroom). Sube hasta su azotea (la visita es gratuita) y déjate conquistar por la vistas. Te sorprenderán. Y ya que estás allí, aprovecha para reservar en el restaurante que hay en la novena planta del edificio, el t’Zilte. Cuenta con dos estrellas Michelin y dos menús degustación. Ahora, que si lo tuyo no son las alturas aprovecha para seguir contemplando el bonito paisaje desde el restaurante RAS, justo encima del río Escalda.

Después de una jornada intensa en Amberes es hora de descubrir los encantos de Gante y Brujas. En estas dos ciudades hay muchas cosas que ver así que es importante empezar el segundo día de viaje con un buen desayuno. Recomendamos De Superette, la panadería del chef Kobe Desramaults, quien consiguió su primera estrella Michelin en el restaurante In the Wulf.

Una vez hayas repuesto las energías, no te pierdas la Catedral de Gante, el castillo, que antiguamente fue la residencia de los condes de Flandes y la iglesia de San Nicolás, muy cerca de la catedral. El aperitivo es algo sagrado así que aprovecha para probar el licor de flores de sauco en algún café de la ciudad y continúa con una comida en Würst, creado por el chef Jeroen Meus. Un local dedicado en exclusivos perritos calientes con recetas aptas para carnívoros y veganos.

Aunque no hay tiempo que perder, no podemos evitar la tentación de tomar uno de los mejores gofres del mundo en Max, antes de dirigirnos a la estación de tren (cualquier puestecito vale) para ir a Brujas, la ciudad más visitada de Bélgica. Será un pelín tarde cuando lleguemos así que aprovecha para cenar en Patrick Devos, donde los vegetales tienen gran protagonismo y A’QI, de cocina oriental.

Tras una jornada intensiva dedicada a visitar los museos, canales y originales tiendas de Brujas, toca dedicarle un tiempo más pausado a la cultura cervecera. para ello deberás poner rumbo a dos ciudades pertenecientes a la región de Flandes, Malinas y Lovaina. Ambas están muy próximas entre sí, y también de Bruselas, así que comienza tu último día en Malinas.

Aquí vas a descubrir todo lo que puede ofrecerte el mundo femenino de la cerveza. ¿Femenino? Sí. Hasta hace no muchos años, este tipo de bebida se había considerado exclusiva de lo hombres. Sin embargo, antiguamente eran las mujeres quienes la fabricaban. En esta ciudad, las beguinas (mujeres cristianas que, en siglo XII, vivían en comunidad ayudando a los más necesitados pero haciéndolo al margen de la Iglesia, a quien criticaban por corrupción y no reconocer los derechos de las mujeres) eran las que se dedicaban a elaborarlas en el mismo lugar en el que hoy se encuentra la fábrica de cerveza Het Anker. Aquí aprovecha para hacer un recorrido degustación en bares como el Café Belge, Sava o De Witten Vos. Una vez hayas terminado el recorrido, no pierdas la oportunidad disfrutar de un buen cucurucho de patatas fritas con mahonesa. Tu cuerpo lo necesitará para la próxima visita a la gran fábrica cervecera Stella Artois en Lovaina.

Tras conocer de primera mano las bondades de la cerveza, dirígete a la gran capital, Bruselas. Ha llegado el momento de instagramizar la Grand Place y comprar chocolate, que habrá que endulzar el camino de vuelta a casa. No dejes de visitar Neuhaus, en las Galerías Saint Hubert, impresionantes, el establecimiento en el que se inventaron. Pero también la elegante tienda de Pierre Marcolini en el Sablon, Godiva o los populares Leonidas para rematar esta escapada de capricho.

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