En el marco de sus cenas OFF, Ñam Ñam Festival desplegó en Veta Galería su cara más ‘arty’ con una velada en la que la gastronomía y el arte contemporáneo compartieron obra. La galería se convirtió en el escenario en el que el galerista Fer Francés, anfitrión de la noche, abrió su planta privada para acoger a un selecto grupo de insiders de la escena artística, fashionista, gastronómica y musical.


Entre los asistentes se encontraron nombres como Marina Salas, Aixa Villagrán, Diego Guerrero, Kaydy Cain, Hens, Eva Da House, Borja Bas o Sandra López de Santiago, en una mezcla de perfiles creativos que encajaba perfectamente con el espíritu de Ñam Ñam: crear comunidad en torno al arte, la gastronomía y la música.
Fue una cita que rompió con todo lo establecido a través de una especie de corriente iconoclasta que llevó al artista Julio Galindo a instalar la mesa más inesperada del ciclo. Dos de sus grandes piezas de ‘cerámica salvaje’, un cocodrilo esmaltado, un tigre y una charca poblada por plantas y animales fantásticos, presidían la sala coronadas por los deliciosos nigiris de toro, salmón y pez limón de Bandido Food Club, la terraza de sushi y cócteles que marca tendencia desde Loredo (Cantabria).


Fantasía en la mesa
El chef Nacho del Barrio sirvió la cena y la performance, cortando y terminando las piezas de sushi sobre las obras, desde el sashimi de pez limón con salsa de mango, huevas de pez volador y cebollino hasta los nigiris ahumados con soplete. Piezas que relucían sobre el arte de Galindo, integrándose en la composición y en su muestra inspirada en la idea clásica de la Epifanía. En ese momento en el que los dioses se manifiestan ante los mortales, que sirve ahora al artista para reinterpretar figuras y mitos de la antigüedad a través de su universo visual, siempre a medio camino entre lo clásico y lo contemporáneo.
Por una noche, sus esculturas se convirtieron en parte activa de la cena diseñada por Nacho, chef conocido por llevar la irreverencia a la mesa conjugando la materia prima y el producto de KM0, que se encargó en esta ocasión de superponer los nigiris con la fantasía, invitando a los asistentes a moverse por la galería, acercarse a las obras y servirse directamente de ellas.

«Aprovechando la temporada del atún salvaje, trabajé previamente distintas maduraciones de lomos y ventresca para aportar sabores más complejos. Utilizamos cortes como negitoro, akami, chutoro y otoro, partes diferentes de la ventresca, acompañados en algunos casos por productos como gamba dulce o vieira. También incorporamos otros pescados, como el hamachi o pez limón, que presentamos en nigiri y en tiradito con salsa de maracuyá y sriracha, uno de los platos más representativos del restaurante», expresa el chef acerca de la propuesta.
La referencia al nyotaimori, la tradición japonesa de servir sushi sobre el cuerpo humano, generalmente de una mujer, apareció de manera inevitable, aunque reinterpretada. En lugar de utilizar un cuerpo, la propuesta trasladaba esa idea a esculturas monumentales, convirtiendo la obra artística en superficie de encuentro entre espectadores y comensales previa a la gran fiesta de Ñam Ñam Festival.