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Rural.- Asturias refuerza la lucha contra la avispilla del castaño liberando más de 675.000 agentes de control biológico

La Consejería de Medio Rural y Política Agraria ha anunciado la intensificación de la lucha contra la avispilla del castaño a través de la liberación de más de 675.000 agentes de control biológico –parasitoides– en 3.000 puntos boscosos de la comunidad.

El Centro de Alerta y Control de Plagas y Especies Invasoras de La Mata es el encargado de actuar contra esta plaga e inició sus actuaciones en 2017 mediante la liberación controlada de un agente de control biológico: el parasitoide antagonista Torymus sinensis.

Desde entonces, ya se han cubierto prácticamente todas las masas boscosas puras y mixtas de la comunidad con 675.799 ejemplares de Torymus sinensis. Estos insectos se han liberado en 3.007 puntos de la comunidad y la consejería continúa con su dispersión en aquellas zonas en las que se detecta menor presencia.

Tras las liberaciones se produce, de forma natural, una multiplicación exponencial de los ejemplares que ofrece resultados esperanzadores en las masas de castaño asturianas, a pesar de su extensa superficie y de su elevada densidad, según ha explicado el Principado en nota de prensa este sábado.

El 75% de los insectos liberados se crearon en La Mata, donde se ha implantado un novedoso sistema de producción que sigue operativo. El centro también se encarga de monitorizar la tasa de implantación del parasitoide en 76 puntos y efectúa controles en 32 localizaciones mediante la captura de ejemplares en su periodo de vuelo.

UN INSECTO PROCEDENTE DE CHINA

La avispilla del castaño proviene de China y en España se detectó por primera vez en 2002 y llegó a Asturias en 2014. Apenas tres años después, ya había colonizado la práctica totalidad de la masa forestal, lo que ha provocado un fuerte impacto económico, ambiental y social. Una vez infectado, el castaño reduce su producción de fruto y ralentiza su crecimiento, lo que conlleva notables perjuicios.

La mejor forma de hacerle frente es la lucha biológica: dispersar parasitoides que consigan frenar la proliferación del patógeno. Los plazos que se manejan oscilan entre los ocho y los diez años, periodo en el que se espera garantizar la viabilidad económica de las producciones y la sostenibilidad ambiental.