Opinión Salvador Sostres

El mes de mayo en Madrid. Richelieu es un aire

Richelieu es un bar, Richelieu es una terraza, Richelieu es un museo de coqueterías que ya no existen, y un escaparate de jóvenes prometedores que van sin sus padres por primera vez, y han aprendido de ellos a estar y a disfrutar. Richelieu de una idea de Madrid. No es sólo una edad, porque las hay varias representadas; no es una clase social, porque estamos los de todos los pelajes; pero es un aire, una manera de hacer las cosas y de percibirlas, una formalidad que no sirve para poner firmes a nadie sino para que todos se sientan cómodos.

Madrid es una ciudad en la que en verano hace mucho calor y en invierno hace mucho frío, pero que en mayo, en mayo tiene el mejor mes de mayo del mundo. Richelieu es el palco de Madrid a su mejor tiempo, a su caricia más amable, a su idea más delicada.

Bar inglés por dentro, terraza madrileña por fuera. Camareros con las maneras del siglo XIX y la gracia y la amabilidad de 2026. Comida perfecta en su calidad, sencilla en su formulación y sorprendente por lo bien que sabe. Muchos restaurantes más redichos y premiados son de una gran mediocridad al lado de Richelieu, siempre claro y honesto. Estar en Richelieu es una manera de estar en la vida. Somos lo que nos pasa mientras estamos en Richelieu.

Cortesía entre clientes, como si fueran socios de un mismo club. Una señora mayor, visiblemente vestida para disimularlo, acompañada de un hombre mucho más joven, pide al señor de la mesa de al lado, y de un modo muy grosero, que apague su puro porque está comiendo y “el olor es muy desagradable”. Otro cliente le dice: “desagradable ha sido usted, si le molesta el humo, puede comer dentro”. El acompañante de la señora se levanta para ir al baño -y esquivar la polémica- y ella espera a que se aleje para responder: “Perdónenme todos. Es que estoy amargada. Aquí vestida como una mona para disimular que soy una vieja, y descubro a medio almuerzo que al chico que me gustaba, le gustan los hombres. ¡No podré estar con él ni haciéndole regalos!”.

Esto es Richelieu: todo fluye y cuando hay un sobresalto siempre hay una explicación, y es una explicación civilizada. Richelieu es un aire. El señor amablemente apagó su puro, y el otro cliente pagó la cuenta de la amante decepcionada, para compensar su amargura, o por lo menos para acompañarla.