El grupo estadounidense Environmental Working Group (EWG) ha dado a conocer un estudio en el que revisando ciertas cajas de diferentes tipos de cereales ha encontrado ciertos niveles de herbicidas en ellos. “Casi todas las muestras de cereales estadounidenses analizadas por EWG tenían residuos de glifosato, un ingrediente activo de los herbicidas, en niveles superiores a los que los científicos del EWG consideran que protegen la salud y que están dentro de un margen de seguridad adecuado”, ha explicado la organización. Para hacer este estudio analizaron 28 marcas de cereales, todas las cuales se fabricaron a partir de “cultivos convencionales”, es decir, no orgánicos, y de todos ellos sólo dos tenían niveles de glifosato por debajo de lo autorizado en el EWG. La cuestión es que el límite que marca el EWG está muy por debajo de lo que marca el gobierno.

El debate sobre los alimentos orgánicos frente a los “cultivados convencionalmente” es complejo y multifacético, y claramente hay motivos para preocuparse por los efectos a largo plazo y por tratar de intentar consumirlos en las menores cantidades posibles. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud dijo en 2015 que el glifosato era “probablemente cancerígeno para los humanos”, aunque al año siguiente la OMSm volvió a decir junto con la ONU que era improbable que un herbicida representara un riesgo a través de la dieta. El problema es que por mucho que los fabricantes sigan discutiendo si produce o no cáncer, todavía no hay pruebas que aseguren estos riesgos. Así que por ahora, preocúpate por las sustancias cancerígenas que ya se saben que tienen un potencial peligro en nuestra salud a largo plazo, como la contaminación del aire.