En las alturas y frente al Mediterráneo, así es el restaurante barcelonés de Enrique Valentí, una oda al pescado en el que el mar es el que dicta la carta. En Marea Alta los protagonistas son: su producto y sus dos técnicas de trabajo, las brasas y los ahumados.

Marea Alta ocupa la última planta de la Torre Colón de Barcelona y, desde su interior, regala al comensal unas vistas de la ciudad condal de 360 grados. En este restaurante los pescados, procedentes de diversos puertos españoles, dominan la carta. Marea Alta no es más que un largo recorrido a través de los principales puertos pesqueros de nuestro país, y de sus capitales, con el objetivo de plasmar cada una de sus tradiciones culinarias en sus platos. Del norte, las especialidades a la brasa; de Galicia, el marisco; de Cataluña, la mezcla del mar y la montaña; de Menorca, los guisos, y del Sur, la fritura.

Sus productos destacan por su alta calidad al trabajar con proveedores de cada uno de los puertos. De Guetaria, se selecciona el rodaballo; de Cudillero, la merluza y la palometa roja; de Vigo y la Coruña, el marisco y los crustáceos; la gamba roja del puerto de Palamós, y del litoral catalán, el rubio y las espardeñas.

Con el objetivo de potenciar el gusto y la jugosidad, Valentí, trabaja el ahumado, en frío y en caliente, a partir de diferentes tipos de madera como el cedro, la encina o los sarmientos de vides. Pero además de los pescados, aquí tampoco se resisten a ahumar verduras, cremas, pastas, mantequillas y carnes.