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Lhardy se reinventa: tradición y modernidad se encuentran en su nuevo Café

El concepto mezcla bistró, cafetería y tienda y estará pensado para acompañar el ritmo de todo un día.

El nuevo Lhardy Café abrirá sus puertas el 7 de septiembre. (Foto: @casa_lhardy)

Hay lugares que pertenecen a una ciudad. Lhardy es uno de ellos. Desde 1839, la casa de la Carrera de San Jerónimo forma parte de la historia gastronómica y social de Madrid, un lugar por el que han pasado generaciones de madrileños y visitantes en busca de un buen cocido, un consomé servido desde el samovar o, simplemente, una mesa en la que quedarse un rato. Ahora, esa historia suma una nueva dirección: el próximo 7 de septiembre abrirá Lhardy Café en el Hotel Wellington, en el número 8 de la calle Velázquez, a pocos pasos de El Retiro.

Detrás de esta nueva etapa está Grupo Pescaderías Coruñesas, la compañía de la familia García Azpíroz, una de las sagas familiares más vinculadas a la gastronomía madrileña. Con raíces leonesas y una historia ligada al pescado y al marisco, la familia lleva décadas construyendo su particular manera de entender la restauración. El grupo, que actualmente dirige Diego García Azpíroz junto a sus hermanas Marta y Paloma, está detrás de restaurantes como O’Pazo, El Pescador, Filandón y Desde 1911, además de Pescaderías Coruñesas. En 2021, la familia dio uno de sus pasos más significativos al hacerse con Lhardy y evitar el cierre de una de las casas más emblemáticas de Madrid.

La relación de los García Azpíroz con Lhardy tiene, además, algo de historia familiar. Su padre, Evaristo García, comenzó a trabajar en el mundo del pescado desde niño y acabó convirtiendo Pescaderías Coruñesas en una referencia del producto del mar en Madrid. Fue él quien inició también la expansión hacia la restauración con El Pescador y O’Pazo. Sus hijos continuaron después ese camino con Filandón, Desde 1911 y, finalmente, con la recuperación de Lhardy. La conexión con la gastronomía venía también por la rama materna: su madre, Juliana Azpíroz, era hija de Raimundo Azpíroz, fundador de Angulas Aguinaga.

Lhardy Café, moderno y cosmopolita

Lhardy Café será, sin embargo, algo diferente. No pretende reproducir el restaurante de la Carrera de San Jerónimo, sino recuperar su espíritu de casa abierta a la ciudad. El concepto mezcla bistró, cafetería y tienda y estará pensado para acompañar el ritmo de todo un día: desayunos, cafés, comidas ligeras, meriendas, copas y encuentros al final de la tarde. Una idea que conecta con la historia de Lhardy, que en el siglo XIX ya representaba una forma moderna y cosmopolita de entender la restauración madrileña.

El nuevo espacio ocupará el local que hasta el año pasado albergaba la cafetería Llave de Oro del Wellington y tendrá dos alturas, con acceso directo desde Velázquez. La planta inferior contará con la tienda y una barra visible desde el comedor de la planta superior, mientras que más adelante está prevista una terraza. El resultado busca algo cada vez más difícil de encontrar: un lugar con personalidad suficiente para convertirse en destino, pero lo bastante cómodo como para formar parte de la rutina.

Qué comer y qué beber en el nuevo Lhardy

También en la mesa se encontrará ese equilibrio entre memoria y actualidad. El consomé servido en el samovar, los callos o algunos de los gestos más reconocibles de Lhardy convivirán con marisco, salmón ahumado de Pescaderías Coruñesas, cecina premium, sándwiches y ensaladas preparadas al momento. Habrá café de especialidad, panadería, bollería, cócteles y postres, con especial atención al suflé, uno de los clásicos de la casa. La idea es que Lhardy pueda visitarse a cualquier hora y que cada momento del día tenga su propia razón para sentarse a la mesa.

El vino tendrá también un papel protagonista. La nueva casa quiere recuperar una tradición de Lhardy que se remonta a sus orígenes, cuando la histórica dirección madrileña ofrecía vinos de Borgoña, Burdeos o Jerez con su propia etiqueta. En el nuevo café se plantea una selección especialmente cuidada, junto a elaboraciones y cuvées pensadas específicamente para el espacio. Porque parte del lujo contemporáneo consiste precisamente en eso: encontrar lugares donde una copa, un café o una sobremesa puedan convertirse en el motivo principal de la visita.

La llegada de Lhardy a Velázquez es, en definitiva, una nueva manera de vivir una marca que forma parte de Madrid desde hace casi dos siglos. Para los García Azpíroz, que han hecho de la recuperación de grandes nombres y del culto al producto una parte esencial de su historia familiar, el reto consiste ahora en conseguir que Lhardy vuelva a ser lo que siempre fue: un lugar de encuentro. Esta vez, en el barrio de Salamanca, entre El Retiro, el Wellington y una de las zonas donde Madrid mejor expresa su nueva forma de entender el lujo: menos solemne, más cotidiana y siempre alrededor de una buena mesa.