Un plátano de portavelas, una lata de anchoas, cuchillos de carnicero o una botella de leche decorada con un bebé demonio. Esther Choi es especialista en transformar objetos cotidianos en obras de arte a través de la cerámica como medio de expresión.

En el archivo artístico de la ceramista coreana podemos encontrar algunas piezas destacadas, como una serie de camisetas interiores manchadas con distintas salsas que titulan las piezas: del condimento chino laoganma, de la salsa picante mexicana cholula, de ketchup de Trader Joe’s, de la mermelada de fresa de Bonne Mman y de zumo de kimchi casero. La suciedad se funde con la belleza, y se perfila en brillantes camisetas interiores, todas en el mismo formato.

Esta interpretación comestible ha sido una de las más reconocidas de la artista contemporánea que explora cómo los marcos visuales dan forma a nuestra compresión del mundo. Una visión que ha reflejado en otros de sus proyectos como Le Corbuffet (Prestel, 2019), en el que reestructura la fotografía gastronómica para examinar de manera crítica el consumo cultural a través de una colección de recetas inspiradas en pinturas, esculturas y diseños.